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Un cálido despertar

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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Jue Feb 06, 2014 10:32 pm

Eché a correr al frente en cuanto me terminé de ajustar la maleta a la espalda. No quise volver la vista atrás, pero muy pocas luces había que tener por confiarse sólo por estar bajo la luz del mediodía. Estábamos en un paisaje urbano, había mil esquinas y recovecos donde esconderse, saltar… donde pasar desapercibido. Además y por si todo eso no fuera suficiente, llevábamos peso extra a nuestras espaldas. Lo único con lo que contábamos a nuestro favor a decir verdad, era que nos conocíamos cada palmo de la cuidad al dedillo, nunca mejor dicho.

Miré a mi alrededor. Nuestro destino en realidad no era la casa abandonada que le mencioné antes, pero en una situación de riesgo como lo era esta, prefería que tomara ese lugar como referencia y, en el caso de que nos separásemos, encontrarnos allí, que quedaba curiosamente cerca de nuestro verdadero objetivo. No me gustaba perder el tiempo con más palabras de las necesarias, y ponerme cual operadora consentida a decirle que nos dirigíamos a la Calle Falsa 1,2,3 mientras me limaba las uñas y me las pintaba me parecía el colmo. Quizá no sea yo la mujer más indicada para juzgar los gustos de cada uno o hablar al respecto, no tanto porque, sarcásticamente hablando, sea mi vicio inconfesado sino porque no me fijo en eso. He sido siempre una rata callejera, la escoria de la sociedad y la única manera que he tenido de conseguir mis caprichos ha sido corriendo por las paredes en vertical. Antes era innecesario arreglarse a la hora de subirse por las paredes; ahora, con las pirañitas rogando por tu carne fresca se había vuelto, además, imposible. Y por cierto, ¿sabíais que el momento en el que más indefensa está una mujer es cuando se acaba de esmaltar las uñas?

No, yo no era una víctima, y a la vista está que soy de las pocas personas que aún quedan con vida. No dudaba de que había quienes me consideraban o me habían considerado poco femenina, pero aquí ando subiendo una escalera y saltando una baranda como alma que lleva el diablo mientras a ellos se les pudre el cuerpo y a las princesitas sólo le permanecen intactos los implantes. Llámalo karma, justicia cósmica o venganza, yo vivía y ellos no.

- Por el parque Spike. –me puse a su altura y le di un golpecito en el hombro para indicarle que debíamos cambiar un poco el rumbo.

Rodeamos la biblioteca atravesando los jardines, al final del cual había un bordillo daba la altura perfecta para saltar la tapia que había a apenas medio metro por detrás. Me apoyé en mis muñecas para impulsarme al frente, pasé las piernas al otro lado casi sin esfuerzo y me dejé caer al suelo tras apoyar uno de mis pies en la pared para frenar la caída. Continué corriendo calle abajo apenas casi sin detenerme en comprobar si él me seguía o no. Calle abajo estaba el parque. Puede que para el resto de personas no fuese el sitio más idóneo, pero a nosotros nos ofrecía un gran abanico de escapatorias y nos permitía acortar camino. Entrar no era complicado, y salir lo era menos aún.

Dudaba de que se hubieran molestado en echar las cancelas al vergel y dejarlo cerrado, pero los árboles y a decir verdad casi cualquier objeto que estuviese a nuestro alcance nos podría ser de utilidad para acceder. Sonreí para mis adentros recordando todas aquellas noches que había pasado tumbada en el césped o en las ramas de los árboles cuando había guardas de seguridad cerca. Entreteniéndome escuchando música o fumando. Lo mejor era cuando les llegaba el olor a maría y no eran capaces de verme ni tan siquiera alumbrando con la linterna; eso sí era un show. Muchas veces las peleas entre las bandas también se hacían sobre la hierba, y las rupturas de parejas también. Anda que no he mandado yo veces a mindundis a la mierda en el mismo lugar y de la misma manera… qué tiempos.

Ya nada era lo mismo aun así. Tras colarme en el lugar y rodar por el suelo lo primero que sentí fue el tacto áspero de la hierba, el olor a tierra seca y que, desde luego, el golpe estuvo menos amortiguado de lo que debió haber sido.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Vie Feb 07, 2014 2:24 am

De haber tenido un momento para supsirar, lo habría hecho. Correr por las calles. Me traía tantos recuerdos que no podía dejar de pensar en ellos mientras comenzamos a correr. Casi por instinto, no necesitábamos pensar en por dónde ir o a dónde, habíamos nacido para ello. Buenos tiempos no paraban de aparecer en mi subconsciente, aquellos tiempos en los que las viejas caminaban abrazadas a sus bolsos de piel con todas sus fuerzas, casi clavando sus uñas para evitar que aparecieran los típicos carteristas... Ejem, ejem... Nosotros... Ejem, ejem... Esos pequeños bolsos llenos de dinero y demás golosinas que endulzaban nuestra existencia. Recuerdo una vez que, no contentos con sisar un bolso de un tirón, agarré uno de esos abrigos de pelo de algun pobre animal indefenso y se lo quité de un tirón a una vieja pudiente, incluso mientras huíamos de unos cabrones que querían vernos muertos. Aquella anciana acabó pegando a paraguazos a nuestros perseguidores creyendo que eran de los nuestros por las pintas. Recuerdo que fue una de las veces que más me reí, aquel escenario protagonizado por una anciana con la peluca movida mientras pegaba con todas sus fuerzas a unos macarras con un paraguas.

Dejando esto de lado, me sentía vivo de nuevo, el frescor del aire libre, mis desgastadas zapatillas pisando asfalto y volando sobre obstáculos. Esto era vida. Después de tanto tiempo bajo tierra, tantos días, me sentía como un pájaro. Libre al fin... Bueno, no del todo... Aun seguía encadenado a varias cosas. Pero no importaba, la carrera por la vida continuaba, y Kym iba en cabeza, como de costumbre. Puede que el cansancio acumulado nos hiciera tanta mella como las magulladuras y el peso de la mochila, pero, no podíamos perder esa agilidad de tantos años corriendo por estas calles, casi hasta recordábamos cada contenedor de basura por el que habitualmente subíamos a modo de escalera y así saltar sobre algún muro. Aunque, en uno de estos callejones me detuve un instante para patear la basura y dificultar el paso de aquella muchedumbre hambrienta que nos perseguía. La horda... La Legión. Cada vez más numerosos y cada vez más hambrientos, pues gracias a que corríamos por las calles algunos de los caminantes que allí permanecían esperando su despertar nos olían y salían de su trance.

Mientras tanto, la respiración se me entrecortaba ligeramente, tuve que hacer un ligero sprint para acercarme más a mi compañera y después, seguir su ritmo. A nuestro alrededor, la ciudad se tornaba triste y solitaria. Ya no habían pandillas, ni centenares de personas corriendo porque llegaban tarde. Ya no podíamos sentarnos en la azotea de un edificio a observar como la gente vivía su vida “normal” mientras nosotros teníamos que recurrir al robo y a la extorsión para comer, y dormir en casas abandonadas o de okupas hasta que nos echaban con gas lacrimógeno y porras de goma tan dura como la piedra. Nosotros defendíamos nuestros nidos con palos y piedras hasta que nos desalojaban pero siempre encontrábamos algún nuevo hogar. En esta ciudad, tan...”justa”... El asfalto, seguía igual de duro y cálido que entonces. El Sol calentaba con fuerza la carretera y el suelo, pero al no haber tanto tráfico ni gentío casi me resultaba raro correr, torcer una esquina sin tropezarme con alguien. Aun así, lo prefería. ¿Te imaginas que nos chocamos con un Zombie culturista de esos que miden dos metros de ancho? Ni loco. Pensaba en la manera de llegar al piso abandonado de siempre, pero no podíamos ir directamente. Antes había que dar esquinazo a esta marabunta de muertos que nos seguía el rastro.  Casi no sabía por dónde debíamos ir hasta que conseguimos llegar al parque.

Su voz...

De nuevo, intenté no perderme en mis pensamientos. Nos colamos en el parque por un árbol que solíamos usar como escalera para entrar, la verdad es que las curvas que tenía hacían tan sencillo entrar que la puerta perdía toda su utilidad. Y cayendo a la hierba, alta y descuidada flexioné las rodillas para reducir el impacto sintiéndolo en mis tobillos y, de repente un latigazo de dolor en la planta del pie derecho. Puta puerta de mierda, si hubiera estado mejor cuidada no hubiera tenido que usar la fuerza. Intenté no demostrar mi dolor y me levanté tan rápido como pude, debíamos seguir corriendo por la yerba hasta salir del parque por la otra entrada, o salida. De esta manera los zombies se quedarían aquí intentando pasar y para cuando lo consiguieran, nosotros estaríamos bastante lejos.

Este parque, cuantas batallas podría contar si pudiera hablar. Todos habíamos pasado por el, y en él me había llevado tantos bofetones en la cara, que ya me lo tomaba a costumbre. Me sentía extraño corriendo por encima de la hierba, notando el crujido de la  vegetación seca y notando como había cambiado esto. Era extraño como varios años sin cuidar un parque lo convierten en una terrorífica jungla. Los arbustos estaban descontrolados y el crecimiento de las ramas y los árboles había hecho que parecieran más grandes y espesos de lo que lo recordaba. La hierba, mostraba claros signos de abandono, ya que habían infinidad de calvas llenas de hierba seca y en otros puntos zonas con hierba alta y espesa. Si fuese jardinero comentaría que esto se debía a que las malas hierbas se aprovechaban de los nutrientes y el agua de las demás,  pero no lo haría.

- Ya falta poco , sigamos el camino a los baños y saltemos por allí. Realmente no sabíamos si la puerta estaba abierta en la otra punta del parque, a si que, lo más seguro era encaminarse a los baños públicos. Podríamos subirnos fácilmente a su tejado bajo y saltar la valla por allí. Como de costumbre, era una salida improvisada pero que usábamos a menudo. Aun nos esperaban unos quinientos metros de camino empedrado por el que los corredores matutinos hacían su ejercicio diario, o donde salían a pasear a los perros. Ese camino de piedra que cruzaba todo el parque atravesando un lago por un puente, antaño lleno de patos y barcas, ahora, quien sabe lo que te encontrarías si te pusieras a nadar en semejante cenagal...
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Miér Feb 26, 2014 11:41 pm

Sabía que se había hecho daño al golpear el cierre de la puerta de emergencia con el pie, y también sabía que ese dolor se le reflejaría en cada aterrizaje si no tenía el cuidado conveniente de rodar, tal como yo acostumbraba a hacer, en lugar de descargar todo el peso de su cuerpo en sus piernas; y el aterrizaje sobre la hierba reseca, en el que casi me pareció adivinar un gesto de dolor en sus labios y su frente, me daba total y absolutamente la razón. Los hombres sin embargo son orgullosos por naturaleza, quizás en demasía, y si hay una mujer delante o personas non gratas jamás admitirán haber tenido más desgaste de la cuenta. No quería herir su hombría y, para qué mentir, tampoco teníamos demasiado tiempo como para entretenernos en algo que probablemente fuera una tontería… o eso esperaba.

No se lo digáis, pero aminoré el paso para tenerle un poquitín más cerca. De esta forma no tendríamos que gritarnos, alertando a los fiambres que pudiera haber alrededor para ir por uno u otro lado y también sería todo más sencillo si teníamos problemas para quitarnos a los caminantes de encima en plan literal. Creo. Además y aunque no lo admitiré en voz alta, aquel paisaje era tan desolador que casi me temblaban las piernas al sortear los destrozos varios que el paso del tiempo y el desuso habían causado. Sin ir muy lejos, fue cuando salté la papelera que había junto a la fuente que sentí que se me erizaba la piel, y es que, aunque en el pasado hubiéramos sido nosotros la principal causa de ruptura de ese eh… ¿mobiliario urbano?, y de tantos otros que no alcanzaría a nombrar, a la semana siguiente siempre estaba reparado sólo para que nos lo volviéramos a cargar. Ahora por el contrario que nadie se preocupaba de eso era imposible no sentir una punzada de… llámalo disgusto, indignación o rabia. No voy a mentir, me lo había pasado de puta madre metiendo a gente de las bandas rivales en las papeleras y hacerlos rodar colina abajo camino del lago para que los patos les quitaran los piojos y los peces las ladillas, pero seguro que meter zombies no era lo mismo.

Exhalé un pequeño suspiro y devolví la vista al frente a tiempo como para evitar comerme un bordillo, tropezando con mis propios pies pero manteniendo la marcha aun así tras un par de gráciles saltitos. Penalti, aquí no ha pasado nada… Joder qué dolor de dedos. Pero no tuve tiempo de quejarme para mis adentros o siquiera de cagarme en los muertos del que hizo el parque –ups, pues sí que me ha dado tiempo- cuando ricitos de oro separó sus finos, delicados y sonrosados labios para decirme que saliésemos por los servicios. ¿Veis por qué no me considero el cerebro del equipo? No se me había ocurrido hasta que él no había dicho. En realidad si al muchacho le quitabas la mugre de encima y conseguías que no te mirase con esa cara de “te voy a reventar el hígado” llegaba a resultar arrebatador. Era irónico, a él por una mutación que le había dejado los ojos azules había causado furor entre las tías y a mí que me los había dejado rojo me rehuían; aunque bueno, lo trágico era que a mi siempre me pareció que las amiguitas de Spike centraban más su atención en lo que se encontraba cinco cuartas por debajo de sus ojos, pero tampoco era quien para meterme en esos asuntos.

Llegamos a los baños sin muchos más inconvenientes, pues, en realidad, todo estaba exasperantemente tranquilo.  Esprinté ligeramente, di un par de pasos por la pared y me impulsé en el último segundo para encaramarme al techo con las manos. ¿He mencionado que odio correr con peso extra? No creo que el culo me haya engordado tanto en estos últimos meses, pero sí tardé algo más de lo que tardaba en mis tiempos mozos en llegar a la parte de arriba. Echando una rápida ojeada, me volví sobre mis talones para agacharme y ofrecerle a mi niño bonito un punto de apoyo para subir, alentándole de la única manera que sé hacer con una palmadita en el hombro y una broma.

- Vamos princesita, que tu palacio ya queda cerca. Cuando lleguemos te dejo mis zapatitos de cristal.

Me alejé todo lo que pude de la tapia exterior sin caerme del tejado, y tras eso empecé a correr para cruzarlo y saltar hacia ese lugar del que había intentado alejarme, anteponiendo las manos para agarrarme a la parte superior, dejar caer el cuerpo hacia un lado y aguantar mi peso en esa posición un segundo antes de dejarme caer al suelo. Menos mal que llevaba los guantes, si no, sé de una que se hubiera dejado literalmente la piel en la tapia a pesar de que, para el estado en el que se encontraba mi pie, aquello era lo mejor que había podido hacer. A propósito de hacer y aunque sé que ya me estoy pasando un poquitín de la raya, me quedé mirando hacia arriba a la espera de asomase el culete y pudiera ayudarlo a bajar. No quería que me viera como “mamá pollo”, pero ahora íbamos a volar de tejado en tejado, y le creía lo suficientemente masoca como para seguir descargando todo el peso de su “pelo pantene” sobre el pie malo. Soy un sol, lo sé.

Empecé a correr un poco más tarde, adentrándome sin pensármelo mucho en aquel laberinto de calles desiertas, farolas por el suelo y coches apilados los unos en los otros. Era una zona peligrosa no porque se te pudiera caer una maceta en la cabeza desde un cuarto piso y romperte la crisma sino porque los muertos podían salirte de cualquier lugar; a propósito de eso… los jodidos alaridos empezaban a hacer eco en las paredes poniéndome cada vez más nerviosa, hasta el punto de que incluso había dejado de paladear ese toque a muerte que llena cada rincón. O quizás no es que no lo degustase, sino que ya me había acostumbrado a ello. Como fuere, consideré que la opción más segura era ir por los tejados, así que tomé con un suave tironcito a Spike de la manga indicándole que tomaríamos el camino del callejón… y mira que era complicado, pero esa callejuela estaba, si cabe, aún más sucia que el resto de la ciudad toda junta.

Allí había una escalera de emergencias que corría en zigzag por el muro y que se conectaba al suelo por una de estas escaleritas desplegables… sí, esa misma, la que se ha llevado por delante aquel coche. Era un buen lugar porque conectaba directamente con las azoteas y permitía una escapada fácil para prácticamente cualquier punto de Paradise City. Me subí en el auto por la parte del maletero, di un salto hacia la pared y cambié el ángulo del cuerpo con el pie bueno antes de encaramarme a los barrotes fríos y oxidados de la escalera. De nuevo… me pesaba el culo, pero cuando pude erguirme sobre la superficie metálica me incliné sobre la extendiendo por el borde el brazo con la mano abierta en señal de ayuda a mi compañero. Sólo rezaba porque ningún hijo de la gran puta me atacara por la espalda.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Vie Feb 28, 2014 7:11 am

Maldito el momento en el que golpeé la puerta de una patada. Seguramente sería evidente que me había hecho un daño terrible, pero la ira y las ganas de alcanzar un sitio seguro me hacían pensar en que tal vez, podríamos sentarnos en un sofá sucio o destartalado sobre el que reposar el terrible peso de la supervivencia continua. Respirar tranquilos sin sentir el bizarro lametón de la muerte sobre nuestras nucas y en ese momento sabría que habría un sitio dulce y cálido en el que podíamos saborear un sentimiento de... Paz... Un oasis de tranquilidad en este mundo lleno de mierda y de muerte.

Un latigazo de ardor recorrió mi tobillo derecho como un calambre de diez mil demonios. Como la rueda de la vida girando sobre sí misma el dolor iba y venía de vez en cuando, bueno, siempre que apoyaba ese pie, como era de esperar. Pero no debía demostrar mis debilidades ante nuestro depredador. Naturalmente había cometido un error al usar la fuerza bruta para desanclar la puerta de nuestra libertad, pero igualmente lo volvería a hacer mil veces hasta destrozarme todos y cada uno de los huesos de mi pierna para poder volver a ser libre. Pero debía fijarme más en Kym, si, en sus movimientos y no en su perfecto culo. Estaba seguro que aquella manera de aterrizar rodando me vendría mejor para amortiguar las caídas y quitarme algo de peso sobre mí. Lamentandolo mucho esperaba no ser un lastre para ella, pues era algo evidente ya mi cojera, aun así, había que echarle cojones y seguir corriendo. Habíamos pasado a ser la nueva “comida rápida” ni happy meal ni whoppers, una pizca de grasa nos haría lentos y seríamos devorados como tales. Que recuerdos de aquellas grandes, jugosas y suaves planchas de carne acomodadas entre suaves panes blandos sazonadas con salsa y acompañadas con patatas fritas que crujían en la boca como la hierba que estábamos pisando.

Aquel crujido seco era lo que podía hacerme distraer de la orquesta de gruñidos y quejidos de la legión de hambrientos mórbidos esperando saborear el calor de nuestra sangre fresca. Corriendo por nuestra vida, por nuestra libertad, como siempre. Aunque ahora mismo tenía todas las ganas del mundo de coger por banda el sofá y tumbarme hasta que las trompetas del apocalipsis cesaran su tono. Había que seguir nuestro camino y, tragando mi orgullo de machito como un trozo de cartílago amargo acepté su ayuda sin miramientos, no era el momento ni el lugar de hacerse el duro. Un segundo de duda nos haría perder lo que para nosotros sería toda una vida. Cogiendo carrerilla para impulsarme sobre el muro y agarrar con mi mano su antebrazo mientras con la otra agarraba el bordillo que asentaba a mi compañera, lo ultimo que quería era ejercer todo mi peso y que besáramos el suelo con nuestros labios secos y resquebrajados por la falta de humedad.

Ahora, la bajada, no dudé en soltar una pequeña sonrisa al ser ayudado por Kym, puede que fuera esa nostalgia que se siente al volver a trabajar en equipo con alguien a quien añorabas con la misma compenetración como hacía años. Esos comentarios aunque pareciesen afilados al salir de su lengua viperina siempre me hacían pensar que había algo de amor en ella y lo demostraba a su peculiar manera. Y podían ser imaginaciones mías, pero en todo este infierno que era la vida cualquier pensamiento era suficiente para hacerte luchar un día más. Y mirando hacia abajo para ver donde saltar sin abrirme la cabeza, y un aire me golpé notando como la macarra de cobrizos cabellos caía al otro lado de los baños. De la misma manera que subí decidí bajar, con cuidado de no hacer sobre esfuerzo apoyé mis manos sobre el borde mientras me agachaba de espaldas a la caída. En un tiempo me dejé deslizar para ahorrar la mitad de camino y reducir la caída, después de otro tiempo me soltaría y caería sobre el suelo flexionando las rodillas para reducir el impacto todavía más.

-Venga guapita, te sigo.

Dejé escapar como un suspiro y la seguí con todas mis fuerzas. Correr de nuevo por aquel paisaje desolado y duro. El hormigón y el pavimento ardían por el baño continuo de los rayos solares. Ese calor se reflejaba sobre nosotros y nos alteraba la sangre mientras pisabamos con fuerza aquel suelo duro y hostigado por el tiempo. En toda la calle vemos como los coches y los cadáveres abandonados a su suerte llenos de suciedad y polvo, o de putrefacción y hongos decoraban cada rincón con sufrimiento y recuerdos de cada persona. Aunque nosotros, no teníamos tiempo que perder, tal y como aquellos recuerdos se quedaban inmóviles, otros despertaban con ansias de atacarnos. En estos momentos cualquier persona podría perderse y no saber por donde tirar. A través de cada esquina había un nuevo peligro y ningún sitio donde pararse, pero, para mí, era imposible perderme. Siguiendo el trasero de Kym llegaría a donde me llevara, seguro que a algún sitio tranquil... Oh mierda, ese callejón lleno de mugre de nuevo, una escalera hacia el cielo donde volveríamos a volar, quizá.

Y de nuevo, un salto. Agarrándome al borde metálico oxidado y tan lleno de mugre que si me quedase ahi parado no tardaría en romperme la crisma contra el pavimento. Mientras hacía fuerza con mi brazo derecho y permanecía agarrado al antebrazo de Kym logré subir a las escaleras de emergencia.

-Venga, no te recrees con las vistas que llegamos tarde. Dije dejando escapar de nuevo otra estúpida sonrisa traviesa que se me escapaba sin poder hacer nada. Ni siquiera pensaba en ello, pero algo me hacía no dejar de sonreir.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Jue Mar 06, 2014 11:11 pm

Estaba pegajosa, ¿por qué estaba pegajosa? Jodida, parcialmente oxidada, llena de mugre y jodida otra vez, ¿pero pegajosa? No quiero pensar qué clase de fluidos han caído por estos barrotes antes de que mis dedos los tocasen, aunque en realidad me hago una ligera idea. La imaginación es un arma muy peligrosa y, para bien o para mal, a mí de eso siempre me ha sobrado tanto para trivialidades como esa sustancia negra y aceitosa que hace líneas en los pliegues de mis dedos como para otros menesteres. ¿Sabéis eso de “no pienses en un perro verde” y la sensación de haber visto a uno meándose en la casa blanca de la esquina? Pues que Spike me dijera que no le mirase el culo había causado el mismo efecto. A ver, entendedme, no es que a mí se me fueran los ojos, es que estaba en mi objetivo visual… vamos, que no quiere decir que mi objetivo sea su culo; que por otro lado tampoco se le notaba nada con los pantalones que llevaba… pero no porque yo… bah, que os den.

Decidida a dejar ahí ese hilo ilógico y bizarro de mis pensamientos, que van mucho más rápido de lo que os alcanzo a contar, me sequé los dedos sobre el pantalón con desdén e inicié la caminata mirando al suelo, que desde luego me daba mucho menos juego a divagaciones que el paisaje que era la parte posterior del cuerpo de mi acompañante… Espera, espera, ¿eso que había ahí era un dedo? ¿Y el resto de la mano?

Kym… control, que no es sólo una marca de preservativos. Primero había que llegar a la azotea del edificio, y una vez allí ver el mejor camino de tejado en tejado a nuestro destino. Esperaba que el ardor que me enlazaba el tobillo como si de una enredadera en torno al fino tallo de un rosal se tratase, me diera cuartelillo. Y bueno, esperaba que los muertos también. Además acababa de darme cuenta que lo que mejor me iba para mantener la concentración era el golpeteo de mis botas contra el metal, eso y mirar a mi alrededor como buscando una excusa para salvar el pellejo, pero casi que decidí dejarlo ahí cuando vi desde una de las ventanas una sombra borrosa. sangrienta y llega de dientecitos que se moría por mis carnes… y me parece que ese dedo de antes era suyo. Una pena, podría habérselo lanzado tras agitarlo a ver si explotaba como los cócteles molotov.

Le puse una mano en el hombro a ricitos de oro cuando llegamos arriba, y di un par de vueltas sobre mis propios talones para localizarme. Me llevé una mano a la frente para que me hiciera las veces de visera y fruncí el ceño y los labios, labios que un poco más tarde mojaba con la lengua antes de atreverme a hablar, haciéndole un gesto con la mano libre. Le dediqué una mirada entre sonriente y divertida, y extendí el brazo señalando un punto en el horizonte.

- ¿Recuerdas la casa de putas donde cortábamos la droga? –guardé silencio, esperando unos segundillos a que hiciera el esfuerzo por mirar- Qué buenos ratos pasamos allí, ¿eh? Una pena que vayamos en dirección opuesta.

Y era cierto, pero quería tomármelo con humor. Este edificio conectaba con el siguiente por un muro bajo, triste y gris al que casi se le veían ya los ladrillos que lo levantaban. Con un poco de suerte habría dejado yo una ventana abierta del piso por la que colarnos… o quizá no hubiera atrancado la puerta de arriba; aunque quién sabe, una hace tantas cosas colocada de las que luego no se acuerda… Avancé tras darle una palmadita en el hombro al muro, asomándome por él con cautela antes de saltarlo sirviéndome de un giro de muñeca, parecía seguro, pero también lo parecían los túneles del metro o los caminos recorridos y hemos acabado saliendo de allí cagando leches, como quien dice. Lo que pasaba era que en el subterráneo habíamos podido dar la vuelta cuando nos encontramos con el túnel bloqueado… y aquí el suelo estaba lleno de caminantes deseosos de alcanzarnos. Volver sobre nuestros pasos no era una opción viable, y aunque ahora éramos dos no creo que necesitase compartir esa decisión con él.

Un sudor frío me recorrió la nuca, bajó por las cobrizas hebras que conformaban la gruesa trenza a mi espalda y se alojó en los lumbares. La siguiente azotea, a la que había que llegar por un salto que, de haber estado en condiciones, no hubiera sido un reto para ninguno, tenía media parte comida por los escombros; o, mejor dicho, no tenía una zona de aterrizaje adecuada. Quizá si cogíamos carrerilla y saltábamos como gatos, con la salvedad de dejarnos rodar por el suelo, tendríamos suerte y sólo nuestras costillas se comerían pequeñas piedrecillas. Genial, como una no tenía la espalda llena de moratones de aquella vez que un monstruo de esos de lengua larga derrumbó con su peso el suelo de la habitación donde estábamos, podría moverme con libertad. Y aquel empollón… que asco me dio dándoselas de Robin Hood.

- Rubita, cariño. –llamé con cordialidad echándome el flequillo un momento hacia atrás- Honestamente… ¿crees que nos vamos a dar un carajazo?
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Vie Mar 07, 2014 2:57 am

Parece mentira que estuviera deseando ver el sol, y al cabo de los pocos minutos que llevábamos brincando por el exterior ya estaba algo harto. Si, harto. De que el sol me quemara la piel con fuerza y de cocer mi cabello bajo mi gorro de lana. Casi parecían fideos chinos cocinándole a altas temperaturas. Además, esto de llevar chaqueta y correr, era de lo peorcito. Al paso, subiendo por las escaleras tomando la delantera a Kym corría escalón a escalón al principio agarrándome a la homónima agarradera hasta que de pronto noté esa masa oscura y pegajosa haciendo deslizar mi mano sobre esa parte de la barandilla y apartando la mano bruscamente exclamé un fácilmente audible: -¡Oh, mierda! ¿Pero que cojones es esto? Como si me extrañase de que hubiera fluidos olorosos por donde quiera que fuéramos. Cada vez me sentía mas cerdo, pero como no quería seguir sintiendo esa asquerosidad entre mis dedos me limpié la mano contra mis, ya casi jubilados, pantalones. Total una mancha más no se notaría.

Sin aminorar el paso continuaba subiendo echando fugaces miradas hacia abajo o hacia atrás para asegurarme de que la peli-carmesí seguía mis pasos. Y así era, hasta que llegamos a la cima del edificio y noté la ligera presión de su mano contra mi espalda. Hmmm lo que daría por que esas manos me dieran caricias en vez de sus típicos puñetazos en el hígado o los hombros acompañados de sus “deja de quejarte rubita”. Antaño no recordaba haber pensado tanto como lo hacía en estos momentos, esos tiempos en los que el alcohol y el perico hacían bombear mi corazón más rápido que cualquier perro del estado que nos perseguía. En vez de sangre gasolina y veneno puro, estaba seguro de que si no había muerto por sobredosis en aquella época ahora sería prácticamente inmortal. Aunque no era así y cada vez pesaban más los años, esas noches de desenfreno y mañanas de ibuprofeno se acumulaban en mis hombros como si cargara ladrillos en una mochila... Un momento, a lo mejor era la mochila que estaba cargada hasta las tetas.

Después, mis ojos siguieron la estela de sus delicados dedos hacia el horizonte señalando la casa de perversión y diversión. Me llenaría de nostalgia si no fuera por que íbamos a hacer negocio, negocio en el que siempre salía perdiendo, extraño. Todos sacaban beneficio en la banda, y yo, acababa fumándome esos beneficios... Un escalofrío pensando en la hierba me hizo sentirme vacío por añorar aquello, cuando encontraría un sitio para liarme un happy. Se me estaba acabando la mercancía y, con las pocas semillas que me quedaban las caladas estaban contadas prácticamente, aunque, si íbamos a ese lugar tal vez habría algo escondido... Ah no, que teníamos que ir en sentido contrario... Perfecto...

-En dirección opuesta eh, que buena suerte... Tal vez si se portase bien a lo mejor compartiría un poco de mi secretito verde. Sin embargo nos acercamos al borde de la azotea observando un salto tan jodido que no podía evitar preguntarme si había huevos o no a saltar. Por supuesto, podíamos bajar hasta la calle cruzar como dos payasos y volver a subir, pero, ¿qué gracia tenía eso? ¿Y si bajando alertábamos a esos hijos de puta que habíamos tenido que flanquear y esquivar hasta llegar aquí? Y una mierda.

Kym hablaba y yo escuchaba, como si no hubiera decidido hace tiempo lo que iba a hacer, mientras me deshacía de las asas de la mochila y la dejaba reposar en el suelo un momento. Seguramente la ostia iba a ser buena pero, acostumbrados a caernos y golpearnos... Un golpe más no sería el final, además dudaba de que me funcionaran algunas terminaciones nerviosas después de tantas caídas algo se habría insensibilizado ¿no ?

- ¿Honestamente?... Cuando acabes de pintarte las uñas habré limpiado la pista de aterrizaje para que la princesa no se haga daño en su bonito culo. Dije dedicándola una sonrisa divertida tras la que agarré la mochila con fuerza y empecé a balancearla de delante a atrás. Cuando tuve la inercia que necesitaba lancé la mochila con todas mis fuerzas para que aterrizase sobre donde debíamos saltar. Afortunadamente, la mochila llegó y me dió la confianza de que, si había llegado, nosotros también podríamos. Le dí una ligera palmada en la espalda casi sin que tuviera tiempo a reaccionar o pensar, lo suficientemente despacio para que no se alarmara y comencé a caminar rápido hacia la punta opuesta de la azotea para coger equilibrio. Susurrando para mí mismo en un volumen casi inaudible. -Volvamos a volar En el punto justo, antes de empezar a correr, cerré los ojos durante un segundo respirando hondo y recordando todo mi pasado, cada salto, cada vez que volábamos por encima de toda la población como gorriones urbanos. O más bien palomas, por eso de las ratas del aire y... Bueno, abrí los ojos concentrado todo lo que pude y comencé a correr contra el abismo, como si no hubiera nada debajo mía, tan solo aire y un colchón de nubes.

La adrenalina cabalgaba por mis venas tan rápido como la coca en una buena noche. Acortando trecho hasta que un último paso me separaba de una caída tremenda, jugándome la vida por un poco de “diversión”. En la fracción de segundo en la que la planta de mi pie derecho se colocó en el borde recordé la postura que debía tomar y, con un último impulso, despegué. En el aire, tomando la forma de una ardilla voladora flexionando mis piernas y mis codos para preparar la caída y la voltereta al final de la caída. Sin pensar en los escombros que seguramente había allí, tan solo me dispuse a poner en práctica todo lo aprendido. Sin distraerme mirando al abismo, tus ojos se tienen que clavar en dónde aterrizas, o pierdes la vida por “curioso”. Todo estaba saliendo bien, aunque a penas fue un par de segundos en el aire, lo veía todo a cámara lenta y tenía la esperanza de tomar la postura correcta. En primer lugar poniendo los pies en el suelo y dejando que la inercia flexione mis piernas y rodillas rebajando la velocidad tras lo que una voltereta por el suelo me dejaría perfecto e impoluto en el salto que dí. Si no fuera por que mi pié derecho tenía daño acumulado y el aterrizaje fue más forzoso de lo que os he contado. No calculé bien a la hora de aterrizar y la vuelta fué torpe y me golpeé en un hombro con un trozo de ladrillo que allí yacía. Estupendo. Jodido, como de costumbre me levanté, no había tiempo de lamerme las heridas, una ojeada rápida al otro lado para ver a Kym y rápidamente y cojeando ir a patear algunos escombros para que ella no tuviera mi misma suerte. Al final iba a acabar andando como uno de esos muertos vivientes. Sin más, me acerqué a la mochila y me senté a su lado para revisarla esperando a mi angel y esperando que no se diera de bruces como yo.

-Verás mañana como me dolerá
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Sáb Mayo 03, 2014 3:46 pm

¿Pintarme las uñas? ¿Por quién me tomaba? ¿Por una barbie sin cerebro? Abrí la boca para quejarme poniendo la mano izquierda en jarra sobre mi cintura y la derecha cerrada en puño con el índice firmemente levantado en señal de advertencia, pero al ver el aspecto de mis manos decidí permanecer en silencio… y dedicarme a sacar con cuidado la tierra de debajo de mis uñas. En realidad no me vendría mal una manicura… ni una buena ducha tampoco; incluso empiezo a pensar que me vendría bien dejar de morderme las zarpas.

Retrocedí un par de pasos y me di la vuelta para vigilar la retaguardia, pero no pude sino volverme y acercarme al muro que me protegía de caer al vacío, aferrándome a él como si quisiera convertirlo en polvo bajo mis dedos, cuando escuché el golpe con el que Spike había aterrizado en la azotea vecina. No le dije nada, no merecía la pena. Hinché los carrillos y expulsé poco a poco el aire por mis labios, el golpe me había dolido hasta a mí, y creo de hecho que para sus adentros se estaba cagando en más muertos de los que caminaban por la calle. Me desprendí de la maleta que llevaba a la espalda y la balanceé un par de veces antes de lanzarla hacia donde estaba mi rubita apartando escombros. Sólo esperaba no darle en el culo; esa bella creación ya había sufrido bastante en el día de hoy.

Avancé en dirección opuesta al lugar de salto esperando poner suficiente distancia como para no repetir la acción de mi rubita particular. Tamborileé en mis muslos mientras intentaba mentalizarme del salto, moviendo lentamente los hombros y el tobillo en menor medida. Puede que este último hubiese sido el golpe más reciente, pero aún tenía el otro pie para los grandes esfuerzos; espalda por el contrario sólo tenía una, y bajo la ropa lucía morada, roja, verde y amarilla por las caídas. Vamos, un poco más y llevaba en el dorso del cuerpo la bandera del orgullo gay. Y en ese mismo momento, como movida por un resorte, dirigí la mirada hacia una de las entradas, percatándome en aquel momento de que la puerta empezaba a temblar, cediendo bajo la acción de un peso sobre unas bisagras mal atornilladas y oxidadas por el paso del tiempo. Tras el umbral, una de mis peores pesadillas. Me quedé petrificada un momento cuando vi aquella figura tambaleante, hedionda y envuelta en sangre, mirarme con ojitos de cordero desollado. Se me heló la sangre en las venas y volví a notar el corazón palpitar en la garganta impidiéndome respirar y tragar saliva, aunque no pude sino esbozar una media sonrisa al ver que le faltaba un dedo.

- Yo no lo tengo, pero escaleras abajo lo encuentras seguro. –yo y mi manía de decir sandeces en momentos cruciales… pero qué le vamos a hacer, es parte de mi encanto y carisma personales.

Supe no obstante, cuando mis manos y pies empezaron a temblar, que estaba lista para volar de nuevo, para seguir a Spyke adonde fuese y para llegar a casa y fumarme un buen peta acompañado de una cerveza bien fría y un plato de macarrones. Sí, los caminantes me dan hambre, ¿algún problema?

Inicié la carrera sin percatarme del dolor de espalda, del de tobillo o siquiera notando el peso de mi propio cuerpo, aproximándome al muro, impulsándome en él con ayuda de mis piernas y deslizándome en el aire con gracilidad y elegancia. Lo viví todo a cámara lenta, pero cualquier persona en mi situación habría sabido qué hacer. El aire se colaba entre mis ropas y me alborotaba la melena, haciendo ondear así mismo mi trenza cuando introduje una de mis manos bajo la chaqueta, extraje una de mis P90 y comencé a disparar tanto al malvado Ojazos de antes como a sus compis que intentaban probar mi sabor. Volteé el cuerpo en el aire para apuntar mejor, y cuando percibí que ya me disponía a tocar el suelo, giré el cuerpo para caer de cara, depositando mi peso en la punta de mis pies y sirviéndome de la mano libre para mantener el punto de apoyo antes de terminar de vaciar el cargador. Me levanté en aquel instante como alma que lleva el diablo, me colgué una vez más mi maleta a la espalda, y guié a mi guardián hacia un lugar seguro.





No cuela, ¿verdad?

Cuando vi al zombie dejarse el culo para comerme casi me caigo de boca al empezar a correr, y de hecho, puede que fuera el deseo de ir a un lugar seguro o el pensamiento insufrible de que me diera otro latigazo el tobillo, que curvé mi cuerpo, retrayendo las extremidades todo lo que pude hacia el pecho, más de lo que debía. Cuando vi el suelo lleno de polvo más cerca de mí de lo que hubiera querido, ya era demasiado tarde como para no darme uno de los carajazos más grandes y estúpidos de mi vida. Extendí las piernas para amortiguar la caída, rodar por el pavimento y ponerme en pie tal como hiciera en el parque, pero la inercia era tanta que al posar los pies, tropecé y rodé hasta el otro lado de la azotea, dándome con un tabique en la espalda cuya función no llego a imaginarme.

Me mordí el labio para evitar quejarme al tiempo que bajaba los párpados con fuerza. Me llevé las manos a la cara para ocultar el dolor, me tragué mis lágrimas y me aferré a mi orgullo con fuerza. Apoyé el brazo en la frente poco antes de buscar a mi colega con la mirada.

- Me estoy haciendo vieja, tío.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Sáb Sep 06, 2014 10:53 pm

       -Entonces tienes suerte, de que me gusten maduras... y jóvenes, altas, bajas, pelirrojas, rubias, morenas...pensé. Exacto me iba de todo, y más en aquellos momentos tras meses de secano. No era muy
diferente a como era antes agarrándome a lo que se me pusiera al alcance sin discriminar. Una risa estúpida se escapó traviesa de entre mis labios mientras agarraba del antebrazo a mi acompañante para que ella se agarrase a la par a mi y pudiera levantarse con mi ayuda.

       Un latigazo de dolor recorrió mi abdomen derecho al ayudar a Kym a levantarse pero me mantuve inexpresivo. No sabía como continuar y necesitaba que nos guiara ella, y de paso podría ver sus nalgas prietas en esos vaqueros de nuevo. Unos segundos para respirar y despejar la adrenalina del cuerpo y pensar con claridad estaría bien. Suspirando, me acaricié la espalda a la altura de las lumbares colando mi mano derecha en la ropa y notandolo húmedo por el sudor. Tras esto, me volví a colgar la mochila de la espalda sin miramientos y respiré hondo.

       -¿Crees que deberíamos seguir? ¿O necesitas un rato para recuperarte viejita?

       El sudor recorría cada uno de mis cabellos y goteaba por mi frente formando un reguero hacia la barbilla rodeando las cejas y goteando poco a poco por el filo de mi cara, la cual estaba un poco congestionada por el salto y aun me temblaba todo el cuerpo. Me sentía tan bien como cuando compartía la cama con alguna desconocida o me pegaba de hostias en el sótano de algún bar por un puñado de billetes. Era una sensación difícil de describir pero era adicto a ella. Como una droga "legal" que podía conseguir a costa de golpes o sentir peligro de muerte. Ni el cristal, ni la coca, ni las setas estaban a la altura de rozar la piel con aquella dama del peligro, aquella vívora que sería capaz de arrancarme la cabeza o apuñalarme en mitad del orgasmo. Merecería la pena tener alguna cicatriz suya que no fuera por una pelea.

       Y debería pensar en otra cosa, o aparecería una erección evidente en mis pantalones y me ganaría una paliza en un momento de estrés. Ahora mismo había que pensar en la supervivencia y continuar nuestro camino al punto seguro, para ello tenía que seguirla y concentrarme en ello al cien por cien. Necesitaba toda mi sangre en mi cabeza superior. Mis orbes azules dieron una vuelta por la azotea buscando cualquier cosa útil, después siguieron girando por azoteas cercanas pero todo estaba igual. Hormigón, suciedad, antenas de televisión inútiles y enormes silos de agua sobre algunos edificios. Unas enormes fuentes de vida que nos podrían proporcionar agua potable (o eso esperaba) si la necesitáramos en cualquier momento.

        -La verdad es que esto está mucho mejor que el metro. Al menos no huele tanto a mierda.


       Mientras permanecía un par de segundos palpándome los bolsillos para asegurarme de que todo estaba en su lugar me tranquilicé al rozar con mis dedos la forma de una cajetilla cuadrada de cartón. Qué necesidad tenía en aquel momento de nicotina en mis venas. En ese momento echaba de menos sentarme en el tejado de la iglesia a fumarme un cigarrillo con una litrona al lado y una chica al otro. Escupir o mear a la gente que paseaba por debajo o quería entrar a rezar y reírnos de todo aquello. Eso eran buenos tiempos, y el mero echo de pensar en que no podríamos volver a vivir esos momentos me sentaba como si aplastaran un bate de béisbol en la boca del estómago.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Sáb Oct 25, 2014 4:54 pm

Había pensado en quedarme tirada en el suelo en cualquiera que fuese la posición en la que me encontraba. Sí, vale, quizá no fuese especialmente cómodo y además estuviese lleno de mierda, pero a mí el polvo y las pelusas nunca me molestaron. Eso era otra cosa buena que podía sacar de haber vivido en la calle toda mi puta vida compitiendo con los vagabundos por el mejor sitio, que llega un momento en el que llenarte la ropa de tierra, piedras o romperlas por los derrapes y los enganches con las verjas, te parece tan normal como recibir un golpe y sangrar por ello. Quizá fuera por eso que tras quitarme el sudor de la cara con las manos llenas de mierda no hice amago de levantarme o siquiera intenté acomodarme un poco… bueno, por eso y porque en aquel momento me dolían, literalmente, hasta las pestañas. Pero oye, ¿qué tenía de malo? Siempre me gustó mirar las nubes. Bueno… quizá no. Algunas de ellas me recordaban a las rayas de coca que habían sido mis más fieles compañeras en las carreras y me hacía ver cuánto necesitaba una, ya no tanto por el mono como para desprenderme de esa desagradable sensación de haberme roto en dos pedazos al darme con la columna de los cojones.

La cara agraciada y llena de churretes de mi compañero se interpuso entre la luz del sol y propia faz, proyectando tal sombra sobre mí que aún necesité parpadear un par de veces para hacerme con el cambio de luz, apretando los dientes como si me fuera la vida en ello cuando vi su brazo tendido hacia mí y comprendí que no podía quedarme allí lamiéndome las heridas. Giré el cuerpo con cuidado, apoyé el antebrazo en el suelo y extendí la otra mano para agarrarme a Spike. Sentía que las piernas me temblaban, e incluso necesité colocar las manos sobre sus hombros y apoyar mi frente en su pecho, disimulando un hondo suspiro, para mantenerme erguida sobre mis propias piernas. Me dolía demasiado el cuerpo para convulsionarlo al reír, pero sí me permití esbozar una ligera sonrisa ante su comentario.

- Siempre has tenido buena boca. -aunque yo tampoco era quien para criticar su eh... apetito.

Comenté mientras le guiñaba un ojo y retrocedía un par de pasos, girando sobre mí misma para echar un vistazo a las azoteas, en ambiente visiblemente más relajado que el que habíamos tenido hasta ahora. Llevé una mano a mi espalda, deslizándola bajo la ropa para palpar la piel, enrojecida e inflamada cada vez más. La sorpresa vino cuando al retirar los dedos, los encontré manchados levemente de sangre. De putísima madre, sí señor, las cosas mejoraban. A este paso tendría que quedarme en casa tirada en la cama y buscarme un chacho que me fuera a buscar comida, se encargase de mantenerme entretenida durante el día y me ayudase a dormir por la noche… Dios, ¿por qué no se me había ocurrido esa idea antes? Me sequé la mano de forma distraída sobre el pantalón, intentando no alertar demasiado a mi acompañante, hacia el cual me volví, una vez me hube asegurado de que lo que quedaba del muro era seguro mientras me sentaba con sólo una pierna sobre el borde, escuchándole hablar mientras buscaba la cajetilla de tabaco de la chaqueta y me encendía un cigarro.

- Relájate, hombre. Que ya tengo una edad y no puedo seguir el mismo ritmo de antes. –musité con una sonrisa haciendo al tiempo un gesto con la mano al oír ese comentario sobre continuar. Para seguir haciendo el cabra estaba yo- Ya hemos llegado, por cierto.- golpeé el suelo con la punta del zapato para indicar que estábamos justo encima de nuestro destino y di una honda calada, exhalando el humo con total parsimonia, aunque no pude evitar reírme con su siguiente comentario, y eso, fue algo que mis costillas no soportaron demasiado bien. Llevé una mano al costado- - Quizá eres tú el que huele mal, rubia. ¿Cuánto llevas sin ducharte?
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