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Un cálido despertar

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Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Miér Ago 08, 2012 4:37 pm

-¡Qué buen refugio...- exclamé para mí mismo.-...Si no se tiene olfato.

Acababa de despertarme y no me sentía muy bien. El olor a detritos y a carne putrefacta te inundaba la nariz y no podías mas que acostumbrarte. Mes a mes notabas como ese olor era costumbre de cualquier sitio, pero aquí, en esta cafetería dentro de la estación de metro era aun peor. El olor quedaba encerrado en este lugar bajo tierra, un olor apestoso con aroma parecido al de las cienagas y los basureros. El sistema de ventilación, al igual que la luz de la zona no funcionaba, por lo que el olor de las alcantarillas inundaba el metro a sus anchas. Pero no, no podía darme por vencido. Necesitaba sobrevivir, y cualquier madriguera cubierta sería mejor que dormir fuera.

Hace unos días asalté una tienda de alimentación cerca de aquí, pero parece ser que todo el mundo hace lo mismo, había poquísima comida. Todo este viaje no había servido para nada, y ahora debía regresar a "la ratonera", en la zona pobre de la ciudad. La ratonera era una estacion de metro bastante antigua y, abandonada. Tras ello las bandas se adueñaron de ella y llego a ser un local bastante confluido de criminales y bandas. Lo adaptaron como un bar y, ahora tras la epidemia, se convirtió en un buen refugio. Estaba completamente resguardado del exterior teniendo una unica entrada en un pequeño callejon. La entrada a los trenes estaba deshabilitada ya que tiraron los tuneles con explosivos, por lo que no podían haber visitas inesperadas de caminantes actualmente.

Allí es donde sobrevivía, mi nido, mi hogar. Pero ahora estaba bastante lejos de allí, a un par de días si iba con cautela. De camino a "la ratonera" entré en una boca de metro antes de que cayera la noche y me fijé en la cafetería en la que estoy actualmente. Tras echar el cierre pude pasar una plácida noche acostado tras la barra donde no podían verme desde fuera.

Ahora que he despertado debo continuar con mi viaje, pero antes, exploraré un poco más la estación para buscar alguna tienda o alguna máquina expendedora. Me levanté despacio y observé a través de la penumbra. Estaba todo oscuro, si, pero se podía ver gracias a la luz del exterior, me quedé demasiado tiempo durmiendo. Decidí coger la linterna, por si acaso, para orientarme mejor. La verdad es que me conocía bastante bien todas las estaciones del metro, ya que, al ser una rata callejera, tenía que andar corriendo y escapando de los vigilantes por no pagar nunca la entrada. Sabía claramente que junto a las vías del tren debía haber como mínimo una máquina expendedora.

Salté la barra ágilmente apoyándome sobre mis brazos y dando una vuelta acabé en el suelo con las rodillas flexionadas. Miré a mi alrededor y estaba todo vacío, lleno de polvo debido al desuso y un olor a rancio que recordaba al tabaco... Tabaco...
- Creo que necesito un piti. -De mi mochila saqué un paquete a medias y coloqué un cigarro entre mis labios para encenderlo con mi mechero. Tras esto me dispuse a mirar a través de la reja de la cafetería viendo toda la estación de metro extrañamente vacía... Nada, ni siquiera cadáveres en descomposición, ni huellas, ni siquiera marcas de miembros arrastrados por el suelo. Eso era una buena noticia, debían de haber cerrado la estación cuando la endemia debido al desuso. Las grandes estaciones se usaron como refugio improvisado, pero esta no, estaba vacía. Debía buscar esa máquina expendedora. Mientras le daba una calada a mi cigarro saqué mi linterna y mi palanca de hierro azul para volver a abrir la reja. Cargando la linterna constantemente me mantenía en un estado de alerta continuo atento a cualquier movimiento o sonido cerca de mí y comencé a bajar escaleras lentamente acercándome a la zona de vías sin escuchar nada. La adrenalina recorría mi cuerpo haciendo que mi corazón latiera a toda velocidad, pero aparentando exteriormente tranquilidad susurré.

-Me muero por un trozo de chocolate
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Miér Ago 08, 2012 6:13 pm

Se levantó del lugar donde dormía prácticamente habiendo despuntado el alba, y tal como lo hizo se puso en marcha evitando remolonear. Hacía ya algún tiempo se había hecho con un piso franco donde poder asentarse cuando caía la noche, y, aunque no era un lugar especialmente amplio o con todas las comodidades que a ella le hubiera gustado tener, había que admitir que no estaba mal. Lo había escogido entre otros tantos por ser uno de los pocos que contaba con puerta blindada y con acceso a la azotea del edificio, desde donde se solía poner en marcha hacia otros lugares utilizando las pocas habilidades físicas que aún guardaba de los buenos tiempos.

Recordando precisamente la época en la que aún hacía carreras ilegales o incluso robaba en pequeños comercios acompañada de sus compañeros de banda, se permitió un gesto tan relajado como bostezar al tiempo que extendía los brazos sobre su cabeza para desentumecer los músculos, acción tras la cual se preocupó de vestirse y colocarse tras ello sus armas. Mientras recogía un poco la estancia y correteaba de un lado a otro por si se le había pasado algo por alto, se asomó a la ventana un instante tan sólo para suspirar con nostalgia. Le hubiera gustado volver a ver aquella ciudad en la que se encontraba tan rebosante de vida como estuvo en un pasado, con los transeúntes poblando las aceras, los coches recorriendo las calles, los escaparates plagados de ropa y golosinas y las farolas donde deberían estar. Corrió la ajada cortina quedándose sin quererlo con un pedazo de tela en la mano. Más le valía dejar de pensar en tonterías y centrarse en sobrevivir.

Echándose a un hombro su vieja mochila, salió de su pequeña base cerrando la puerta tras de sí y descendiendo varios pisos de escaleras en caracol prácticamente saltando de barandilla en barandilla. No le preocupaba que la oyesen, ni tan siquiera prestaba atención a los sonidos de su alrededor; estaba tan convencida de que los caminantes no habían podido entrar en el edificio que tan sólo volvió a ser una persona prudente cuando llegó a la planta baja y los cristales de la puerta de metal que hacía las veces de umbral se resquebrajaron bajo sus botas; entonces miró un segundo a su derecha comprobando algo que la hizo sonreír. Su pequeña seguía allí, protegida por una manta y aguardando el momento en el que la de cobrizos cabellos volviera a ponerla en marcha... pero hoy no era día de coger la moto. Tenía que buscar alimento, y un vehículo hacía demasiado ruido como para llevarlo consigo a todas partes, además del hecho de que la gasolina no le sobraba precisamente.

De esta forma, tomando en su mano el picaporte del portón y girándolo levemente, salió una vez más al exterior, cerrando con parsimonia los ojos cuando los tímidos rayos de sol acariciaron su piel. Segundos más tarde se puso en marcha, y aún necesitó vagar durante algo más de otra para que una idea, que podría ser buena, cruzase su mente empujada por la imagen de la boca de metro que tenía ante sí. ¿Habrían asaltado los supervivientes que quedasen las cafeterías y las máquinas expendedoras de los metros? Sabía de buena tinta que los pequeños e incluso los grandes comercios habían quedado arrasados, pero... ¿habrían corrido la misma suerte los establecimientos que se encontraban bajo tierra? Merecía la pena intentarlo, aunque hubo un pequeño detalle con el que no contó. Apenas hubo puesto un pie en el primer escalón, percibió un olor fétido que abofeteó sus sentidos casi haciéndola desfallecer, y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no vomitar una vez hubo retrocedido lo suficiente.

- Me cago en la puta, -murmuró secándose el sudor frío que recorría su frente mientras con la otra mano trataba de mantenerse en pie agarrada a un poste cercano- ni en el metro me voy a librar de ese hedor.

Sin más se arrodilló en el suelo abriendo su mochila y tomando de ella un pañuelo con el que pasó a protegerse las vías respiratorias en un vano intento por tratar de no percibir el olor. Apenas lo hubo anudado a su nuca, volvió a echarse la maleta al hombro, descendió con rapidez las escaleras y saltó los controles de billetes tratando de mantener la entereza. A pesar de que no se conocía los túneles, no le resultó demasiado complicado guiarse por ellos, y apenas tras unos minutos de tensa caminata, en los que la agotó simplemente el hecho de tener que poner los cinco sentidos en cada uno de los pasos que daba y controlar el temblor de sus músculos, llegó a una zona algo más iluminada, en la cual, como si del mismísimo paraíso se tratase, una máquina expendedora tomaba forma bajo la luz de un rayo de sol. No se precipitó sin embargo.

Aún necesitó unos segundos de otear a su alrededor antes de aproximarse a aquel aparato, cerradura del cual buscó echando mano a su ganzúa. No era una tarea fácil abrir un artilugio de esas características de la forma en la que lo estaba intentando, pero tampoco era la primera vez que lo hacía, por lo que esperaba poder conseguirlo tras unos minutos. Precisamente fue cuando casi lo había conseguido que el sonido de unos pasos aproximándose la volvió torpe. Sus manos comenzaron a ponerse resbaladizas y el cabello no tardó en adherirse a su frente; incluso su lengua se mostraba rasposa contra el cielo de su boca. El corazón le golpeaba fuertemente el pecho, y sus propios nervios impulsados por los pasos rítmicos que cada vez se oían más cerca la hizo desesperarse. Extrajo casi a tirones su ganzúa y, pegando la espalda a la pared en un intento de que la máquina la protegiese de quien quiera que se estuviese acercando, desenfundó su P90.

Demasiado pronto empezamos con los tiros.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Miér Ago 08, 2012 7:33 pm

Caminaba con cautela enfocando con la linterna a todo lugar posible para así sentirme más seguro, era extraño, pero el lugar me daba escalofríos. No ver a nadie me hacía sentir incómodo. Los túneles estaban llenos de esquinas, esquinas oscuras que no te dejaban saber si había algo tras ellas, un caminante, un cadáver, cualquier cosa. Estaba tan nervioso que temía asustarme y que la palanca se me cayera al suelo. Notaba el sudor de mis dedos resbalar ligéramente el trozo de metal que sostenía a si que paré y coloqué mi espalda frente a una esquina y dejé apoyar alli la mochila. Dejé la palanca sobre mis pies para que no hiciera ruido y me sequé las manos. Me sentía mas alerta y mi visión se acostumbró a la penumbra, a si que guardé la linterna y cogí con ambas manos la palanca.

Caminando por un ultimo pasillo conseguí ver algo iluminado, como si entrase luz en esa sala, tal vez por algun destrozo afuera en el suelo, o por unas rejillas pero lo importante es que había luz. Pero, un momento, esuché un ligero tintineo, era extraño, como algo de metal arañando otro metal. No estaba seguro, y no quería que un caminante me sorprendiera. Cogí la palanca con todas mis fuerzas y le pegué un golpe brusco a la pared rompiendo algunos azulejos y esperé colocando la espalda contra la pared, aun sujetando el enorme palo de metal. No escuché nada más, tras el eco del golpe, ni gemidos, ni gritos, ni pasos... Nada... Estaba seguro.

Tras un leve suspiro, me mantuve en relajación bajando mis brazos. Accedí con cautela a la sala y la ví... Era preciosa... No recordaba ver nada tan bello en mucho tiempo. Me traía muchos gratos recuerdos, y la mayoría de ellos divertidos y felices, allí estaba... Plantada a unos escasos seis metros. Una preciosa máquina de comida envasada. Al fin podría tener una comida dulce en meses. Pero alto, algo me hizo recordar el tintineo de antes. Tal vez no estaba solo...

Debía ir lo mas silencioso posible. Dado que no veía a nadie más me coloqué contra la pared y comencé a andar con paso sigiloso. Todo lo lento posible observando a mi alrededor buscando algun movimiento. Intentando escuchar algo que no fuera mi propia respiración y el golpear de mi corazón contra mi caja torácica bruscamente, casi intentando salir a la fuerza.

Tras llegar a un lado de la máquina, cubierto por ella, y tranquilo por no haber visto a nadie más me relajé de nuevo... En mi lado conseguía ver el candado de seguridad de la máquina que servía para abrirla y rellenarla, pero a su vez darla seguridad. Coloqué la palanca dentro del candado y me moví frente a la máquina para abrirla a la fuerza, vaciarla, y salir lo más rápido posible.

Mi mirada vagó distraídamente hacia el otro lado de la máquina, el que no podía ver desde que entré en la sala y me asusté cayendo de espaldas al suelo. Una siniestra figura estaba colocada contra la pared, como esperándome, como si supiera que fuera a venir. Mi corazón casi se me sale por la boca al ver su pistola lista para disparar.¡No! No podía ser mi fin. Esa extraña enmascarada no podía matarme, no despues de tanto sufrimiento. Esa explosión de pensamientos pasó por mi cabeza a toda velocidad. Por culpa del susto el cigarro calló al suelo y lo perdí de vista. Tras reaccionar al cabo de un par de segundos me di cuenta que estaba indefenso, debía defenderme... Ágilmente di una voltereta hacia atrás y busqué una de las típicas columnas para cubrirme y corrí hacia una de ellas.Me había visto la cara, pero yo no sabía quien era.

Realizando una rápida finta me coloqué tras la columna sin saber que hacer. Había perdido mi palanca. Había perdido la comida. Y peor aun, el cigarro.


-¡Me cago en la puta! Mi cigarro, joder.-Maldije entre dientes para mi mismo

Estaba cabreado, de los pocos paquetes que me quedaban se me tuvo que caer un cigarro, y encima casi entero. Rapidamente metí mis manos en los bolsillos sacando las navajas de mariposa, una con cada mano, y con una bonita floritura las abrí, dejando escuchar un ligero movimiento del metal y un choque final en el que se bolqueó la mariposa para tenerla fijada como un cuchillo. Estaba listo para cualquier cosa. O eso creía yo.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Miér Ago 08, 2012 8:21 pm

Cuando hasta sus oídos llegó el eco de varios azulejos resquebrajándose y cayendo al suelo tras un golpe con algo que creyó identificar como metálico, pensó que su corazón se había detenido. Antes de poder darse cuenta tenía la espalda pegada a la pared de uno de los lados de la máquina y luchaba con todas sus fuerzas para mantener la calma. Llegó a sorprenderse a sí misma con los ojos anegados de lágrimas que, gracias a su autocontrol y a que tenía cosas más importantes en las que pensar que en echarse a llorar como una niña pequeña, consiguió no derramar. Tomó aire con lentitud y bajó los párpados un segundo, tratando casi en vano de que su oído se agudizase para que le permitiera saber si lo que quiera que fuese que había roto esos azulejos, aún avanzaba hacia su posición. Tragó saliva. A pesar de que aquella persona era muy sigilosa, en tan inescrutable silencio el roce de las ropas de alguien contra la pared al lado de la cual camina resuena como campanas en la noche.

Pasó la lengua por sus labios intentando tranquilizarse. Contaba con el factor sorpresa, por lo que si había algún enfrentamiento podría jugar con eso a su favor. Miró hacia arriba, donde entraba una tenue luz que iluminaba parte del lugar; sólo esperaba que no fuera un muerto viviente ni que ninguno de ellos la sorprendiera en el lugar. Si tan sólo se enfrentase con otro humano, sabría que moriría sin convertirse en una de aquellas repulsivas criaturas. Sacudió la cabeza. Debía dejar de pensar en qué era lo que pasaría a continuación o en rezar por una muerte definitiva; tras todo lo que había pasado no iba a morir allí, no podría, no quería hacerlo. Había luchado demasiado, había enfrentado a demasiadas cosas en soledad como para que ahora un don nadie la matase, así que simplemente esperó a que aquella cosa se aproximase lo suficiente hasta la maquina como para apuntarle sin hacer el menor ruido.

El sudor perlaba sus manos y le era complicado sostener tan sólo con la diestra su arma, por lo que tuvo que colocar la diestra también en la empuñadura del arma para estar segura de que daría en el blanco. Contuvo la respiración esperando a que el otro apareciese ante sus retinas, y para cuando consiguió colocar el dedo índice sobre el gatillo, algo la hizo detenerse. Conocía aquella melena de cabellos rubios siempre enfundada en aquel gorro blanco, aquellos ojos azules le eran familiares, aquella imprudencia que le hizo asustarse y caer al suelo soltando su arma, aquel olor de aquella marca de cigarrillos. Sonrió para sí retirando el dedo del percusor del arma y apenas se hubo decidido a bajarla cuando él echó a correr ocultándose tras una columna. Movimiento que, para qué decirlo, le pilló por sorpresa haciendo que volviera a apuntarle con énfasis, pero que no fue suficiente como para hacerla gastar una bala.

Con un sonido metálico de fondo se incorporó enfundando su P90 y recogiendo de paso el cigarrillo que el otro había dejado tirado en el suelo. Estaba casi entero, y no pudo resistir la tentación de retirarse el pañuelo de la cara y darle una honda calada. Luego se aireó el pelo, se apoyó en la máquina expendedora con aire despreocupado y alzó la voz lo suficiente como para que el muchacho la oyera.

- La madre que me... ¡Me has dado un susto de dos pares de cojones, Spike! -hizo una leve pausa antes de continuar hablándole al vacío, sin esperar respuesta- Ya te daba por muerto. -miró un segundo al techo y más tarde volvió la vista a la columna, donde la mantuvo esperando a que una cabecita rubia asomase. Dio otra calada- Puedes salir, no te haré nada.

Y dicho esto volvió a agacharse frente a la máquina, volvió a extraer su ganzúa y volvió a intentar forzar la cerradura. Apenas medio minuto más tarde la máquina ya mostraba su delicioso interior a los ojos avaros de la de cobrizos cabellos, que aún se tomó su tiempo para elegir una chocolatina que llevarse a los resecos y agrietados labios.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Miér Ago 08, 2012 11:55 pm

La adrenalina recorría todo mi cuerpo. Era una de esas situaciones en las que realmente temía por mi vida. Una falsa sensación, ya que desde el principio, no debería haber temido. Aquella voz, aquella forma de expresarse era digna de los suburbios de la ciudad. Arriesgándome a recibir un balazo en la cabeza eché una miradilla para ver quien era

-Kym...

Esa palabra escapó de mis labios sin quererlo. Pero no había duda de que era ella, bueno, algo mas sucia, como todos supongo. Su cabello de color cobre, tan rojo como el fuego no podía ser de nadie más. De nuevo con otra floritura guardé las navajas y mas relajado me dirigí hacia ella

-Joder. Te has asustado tanto que te has caído de espaldas eh...- Dije en broma mirándola más detenidamente mientras me acercaba. Como no, ya había abierto la máquina. Se me adelantó... Como siempre... Al llegar de nuevo a la máquina recogí mi palanca y la metí en mi mochila, acto que aproveché para arramplar con lo que pude metiendo de paso bolsas de patatas, chocolatinas y bebidas gaseosas. Sin pasarme, porque seguramente ella querría hacer lo mismo. Pero me sentía muy extraño, tal como estaba el mundo, no me imaginaba encontrarme con una cara conocida... Y menos la de ella

-Coño, creía que eras uno de esos bandidos que rondan por la ciudad robando a los supervivientes.

Dije intentando contener la risa y guiñándole un ojo con picardía, ambos sabíamos que nos dedicábamos a eso antes de la enfermedad y ahora nuestro trabajo no era muy diferente. Tras incorporarme la dí una amistosa palmada en la espalda al ver que se estaba fumando uno de mis cigarrillos.

-Anda que... Tanto tiempo sin vernos y me saludas con una pipa en la cara. Y encima me robas mi cigarro.-rematé en broma.- Ahora en serio. Me alegra verte... Verte con vida, me refiero.

Finalicé de forma torpe y rápida como si no hubiera querido decir lo anterior. Dado que parecía que el lugar era bastante seguro me dispuse a entablar conversación con mi vieja amiga. Tal vez podría ayudarme a encontrar refugio, o un transporte. Recuerdo que tenía una moto modificada que usaba en sus carreras, pero no estaba seguro de que aun la tuviera. Cogí una chocolatina con galleta y la abrí para comenzar a comerla. Llevaba tanto tiempo sin probar nada dulce, como sin ver a kym. La verdad es que, ahora mismo, no se me ocurría otra persona en la que confiar, todos estaban muertos, bueno, todos no, porque ella estaba allí. Esperaba que, ahora que había vuelto a verla, mantenerme a su lado un tiempo. De todos es sabido que podríamos trabajar mejor juntos. Pero no sabía nada de ella desde que nuestros caminos se separaron. Quien sabe, a lo mejor no le hacía gracia verme, ni que me comiera la comida que había.

-¿Qué fue de ti, después de que no nos volvimos a ver?- Realmente me intrigaba su historia y, me parecía un buen momento ahora para conocerla ya que estábamos alejados de la superficie, y no había ningun peligro cerca.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Jue Ago 09, 2012 3:20 pm

Aún con parte de la chocolatina con la que había decidido deleitarse en primer lugar sobresaliendo un poco de sus finos labios la joven se centró en vaciar parte del contenido de la máquina en su mochila, dejando, no obstante, prácticamente la mitad para Spike, que, suponía, haría lo propio. De esta forma, para cuando el muchacho se acercó lo suficiente como para vaciar casi de una sola vez lo que ella había dejado, optó por sentarse en el suelo con las piernas cruzadas y los brazos reposando en sus rodillas. Sacudió con el índice la ceniza del cigarro y siguió cuidadosamente con la vista los movimientos del rubio siéndole imposible no esbozar una ligera sonrisa. Apenas había cambiado. Sí, era cierto, el tiempo que había pasado sin verle junto con la tensión de tener muertos vivientes babeando por un pedacito de su cuerpo le había afectado, pero eso no era algo a lo que la gente de la calle como ellos no pudiera sobreponerse.
Soltó unas risas relajadas al oírle hablar.

- Ya ves, de no estar la pared me la hubiera pegado al verte. -le miró de arriba abajo y amplió ligeramente su sonrisa- Por cierto, ¿tu precioso culo sigue en su sitio o te lo has dejado en las baldosas? -continuó con la broma como hubiere hecho en los viejos tiempos, aguardando no obstante a que su voz volviese a perforar el silencio simplemente para poder continuar con la charla. Hacía ya mucho tiempo que no hablaba con nadie, más aún sin ver una cara conocida, y no quería desaprovechar la oportunidad para relajarse un poco.- Oh, me insultas, viejo amigo... -comentó infligiendo en su voz un toque melodramático que daba a entender que bromeaba- Ni que me hubiera dedicado a eso antes de que los muertos se levantaran de sus tumbas.

Le devolvió el guiño entre risas y acarició su mano con la yema de sus dedos cuando los puso en su espalda, un gesto simple con el que pretendía dar a entender que, durante los largos meses que habían transcurrido, le había echado de menos. Luego viró hasta que su cuerpo quedó contra la máquina y dio un nuevo mordisco a la chocolatina acompañado por una posterior calada. Se encogió de hombros exhalando el humo del pitillo y bajó la cabeza un poco abochornada antes de volver a bromear.

- Las buenas costumbres no hay que dejarlas, rubiales. -y alzó la mano zurda haciendo con los dedos la forma de una pistola, devolviendo segundos después la mano a su lugar- Que hay que compartir, hombre. ¿Te ha vuelto tacaño el tiempo o qué? -bromeó por lo de su cigarro, haciendo más tarde un gesto con la mano con el que pretendía demostrar que entendía lo que había intentado decir así como que el sentimiento era recíproco.

Hizo una pausa ante su siguiente pregunta. ¿Qué había sido de ella? ¿Qué era lo que había estado haciendo hasta el día de hoy? Era una buena pregunta. Apenas recordaba nada con detalle salvo que de la mañana a la noche pasó de luchar por llegar la primera a la meta a hacerlo por su vida, de robar por deseo a hacerlo por necesidad, de golpear por rabia a golpear por intentar encontrar la manera de que tu corazón siga latiendo un poco más, de saltar los muros de la ciudad por diversión a hacerlo para huir. Prácticamente no recordaba nada desde el último grupo con el que estuvo tras que se desatase ese infierno sobre la tierra, y eso la dejó confusa, muy confusa. Arrugó el ceño y parpadeó un poco intentando recordar. No había pasado tanto tiempo desde aquello, y sin embargo parecía que todo se había sucedido hacía una eternidad. Ya no recordaba sus rostros o sus voces, ni tan siquiera las bromas o dónde se refugiaron. Dándose cuenta de que los segundos transcurrían y que su rojiza mirada se había perdido en la oscuridad del andén, carraspeó aclarándose un poco la voz.

- No hay mucho que contar.- comenzó con tranquilidad- Después de que el grupo se separase y de que todo lo que conocíamos se fuera a la mierda, me atrincheré en un lugar seguro hasta que mis provisiones no dieron más de sí. -sus recuerdos comenzaban a aclararse un poco, aunque todo ello le estaba dando dolores de cabeza. Dio una última calada, apagó el cigarro en la suela de su bota, arrojó la colilla lo más lejos que pudo y continuó.- Por un juego de azares acabé entrando en una pequeña banda que luchaba ferozmente por sobrevivir, de eso bandidos que le roban al resto.-sonrió pícaramente a su interlocutor- Mi moto y el parkour eran razones más que suficientes como para que no me reventasen a hostias, y yo, por otro lado, sabía que me sería más sencillo sobrevivir así. -se encogió de hombros con simplicidad y luego comenzó a reír- Lo malo fue que los zamparon los zombies antes de lo que creían. Un desgraciado accidente. -concluyó antes de mojarse los labios y pronunciar unas últimas palabras.- ¿Y tú?


Última edición por Kym el Jue Ago 09, 2012 5:06 pm, editado 2 veces
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Jue Ago 09, 2012 4:10 pm

Cuando sentí el calor de sus dedos sobre mi mano, mi mente se lleno de antiguos recuerdos... Realmente la había echado de menos... Cuando se sentó en el suelo me senté junto a ella con la espalda apoyada en la máquina. Permanecía junto a ella en todo momento riéndole las bromas. Era algo que me gustaba de ella, no había perdido el sentido del humor aun habiendo extraños seres gobernando el mundo a placer. Observé como se fumaba el cigarro con ansia, como si llevara mucho tiempo sin haber visto uno siquiera. En un acto de compañerismo por mi antigua amiga busqué en mi mochila el cartón de tabaco, y sin mostrarlo saqué un paquete de cigarrillos nuevo y se lo metí en un bolsillo de su chaqueta de cuero, que siempre llevaba cerca de su pecho.

-Entonces sigues calzando la misma burra , eh -Dije refiriéndome a su moto. Sabía que estaba orgullosa de su moto y sabía que aun la seguía teniendo, aparcada no muy lejos de aquí.

Mientras escuchaba su historia la observaba pensando que, por mucho tiempo que hubiera pasado, estaba tan guapa como siempre. Su delicada voz me hipnotizaba, tal vez era que llevaba demasiado tiempo sin hablar con nadie, o tal vez que realmente la eché de menos. Cuando terminó de explicarme su historia me quedé pensando en su pregunta mirando hacia el vacío.


- La verdad es, que desde que se separó el grupo he estado solo, intentando no llamar la atención, pero igual de cabrón que siempre. Y, después de que la gente se volviera loca y empezara a comerse unos a otros, me resguardé viviendo en estaciones de metro y en algunas cloacas, que extrañamente, huelen mejor que los muertos...

Mientras hablaba, se notaba como mi voz se tornaba triste, había estado solo mucho tiempo y... bueno, no quería estar solo, pretendía quedarme con ella todo lo que pudiera. Mi mano se deslizó por su pierna para coger la mano de ella y acariciarla los nudillos. Mientras, continuaba con mi historia...

- La verdad es que echaba de menos la compañía de t... d-d-del grupo...-Me auto-corregí tartamudeando, no quería demostrar a nadie que era débil, y menos a Kym.- Me alegro de que esos gordos no te hayan convertido en una happy meal.

Estaba feliz de volver a verla, sobre todo porque sabía que estaba viva y estaba junto a ella, pero intentaba enmascarar mis sentimientos con bromas debido a mi timidez. Le dí otro bocado al chocolate y lo degusté antes de seguir hablando con ella. Su voz era relajante, me gustaba escucharla hablar, después de estar meses escuchando gemidos de dolor y gritos de zombies, su voz era la canción mas bonita que podía escuchar...

-Y bueno... ¿Por donde estas pasando las noches?

Pregunté cambiando de tema para evitar que mis sentimientos salieran a la luz involuntariamente. Yo ahora mismo estaba a varios dias de camino de mi madriguera, espera poder quedarme con ella, no quería volver a estar solo, sabiendo que ella estaba con vida y había vuelto a encontrarla. Perdí su pista antes de la infección, aunque cuando nos separamos sabía lo que ella hacía por algunas noticias en los periódicos, pero la pandemia empezó a cobrar titulares y dejé de saber de ella...
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Vie Ago 10, 2012 1:43 pm

Apenas estaba terminando de relatar su historia cuando un movimiento inesperado de su chaqueta la hizo sobresaltarse y ponerse en guardia, aunque apenas vio lo que lo había causado sonrió negando plácidamente con la cabeza y terminó su charla. Parecía que Spike se había percatado de las ganas con las que había llevado a la extinción, calada tras calada, el cigarrillo que a él se le cayó de los labios. No había que ser ningún experto para darse cuenta de eso, pero fue sino su siguiente gesto el que la hizo llevar su mano zurda hasta la cabeza del otro y revolverle el pelo, aun con el gorro puesto a modo de agradecimiento; aunque le fue imposible no alzar de nuevo su voz para empezar una nueva broma que hacía referencia en esta ocasión a la cercanía del bolsillo donde le había introducido el paquete de tabaco con su propio pecho.

- Oye... -comenzó empezando a reírse sin poder evitarlo- Sé que la soledad y las ganas de verme hacen mucho, pero espera a que pase algo de tiempo antes de sobarme, ¿no?

Optó no obstante por guardar silencio cuando él empezó a relatar su historia y, con el mismo respeto que ella había tenido previamente le sostuvo la mirada permaneciendo así mismo atenta tanto a sus gestos como al tono de su voz. Su mente divagó entonces por los recuerdos que aún permanecían nítidos en su mente, vislumbrando con total claridad las risas de uno y de otro cuando, huyendo de la policía, se subían a los tejados de las casas o saltaban muros casi imposibles de franquear para otros que no fuesen ellos mismos. Un cosquilleo por su pierna la devolvió a la realidad a tiempo para ver cómo su acompañante mostraba en su forma de expresarte una infinita tristeza y cómo buscaba, puede que inconscientemente, el apoyo de una mano que sostuviese la suya.

Le miró un segundo antes de voltear la muñeca de manera que le resultase más sencillo estrechar los dedos del rubio con los suyos propios. Nadie mejor que alguien de la calle comprendía lo que significaba no tener apoyos ni nadie que te protegiese, nadie mejor que alguien que se hubiera visto solo desde su más tierna infancia era capaz de entender el sufrimiento de otro que hubiera pasado por lo mismo; y nadie mejor que alguien que supiera lo que era intentar sobrevivir solo a un caos como el que se había adueñado del mundo era capaz de entender una situación similar. Quién sabe, puede que hubiera sido porque las historias de ambos eran parecidas que habían forjado una buena amistad al conocerse, y puede que fuera porque Kym sentía lo mismo que no juzgó que su acompañante estuviese mostrándole debilidad. Aunque lo cierto es que esbozó una pícara sonrisa cuando empezó a tartamudear.

- Venga, venga. -comenzó a decir al tiempo que le golpeaba con el codo en el costado en un gesto de complicidad con el que, esperaba, se relajase un poco- Admite ya que estabas deseando que nos encontrásemos por ahí

Y tras unas últimas risas se incorporó de donde estaba, avanzó un par de pasos y extendió los brazos sobre su cabeza intentando estirarse. Revisando que todas sus armas estuviesen bien colocadas y volviendo a colgarse la ganzúa con la que había abierto la máquina del cinto, viró sobre sus talones para responderle mientras comprobaba que sus pistolas no tenían el seguro echado.

- Hace poco me hice con un piso franco no muy lejos de aquí. No es nada del otro mundo, pero al menos huele mejor que estas cloacas y está libre de zombis. -se llevó una mano a las cervicales y movió el cuello con lentitud notando cómo las vertebras crujían. Sonrió- Tiene buenas vistas y se puede salir de él saltando a los edificios cercanos llegado el momento. Como en los viejos tiempos. -hizo una pequeña pausa. Recordaba que él le había dicho que no tenía lugar fijo donde dormir, que iba de un lado para otro visitando estaciones de metro desiertas e incluso algunas cloacas y un extraño sentimiento le recorrió la espina dorsal. No quería que un viejo amigo estuviera poniendo en juego ya no sólo su salud sino también su vida por pernoctar en lugares peligrosos mientras ella se resguardaba entre los muros de un piso a salvo de los peligros del exterior... además de que no quería, ahora que había encontrado una cara amiga, perderla tan pronto.- Hey... -le tendió entonces la mano, enérgicamente y sin siquiera preverlo ella misma.- ¿Te vienes conmigo? -hizo una pausa en la que se humedeció los labios- En el piso hay sitio para los dos y... bueno, nos será más fácil reventarles el culo a esos bichejos si formamos un equipo. -sonrió ligeramente irguiendo los hombros- ¿Qué me dices?
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Vie Ago 10, 2012 3:11 pm

Tras compartir unas risas con Kym escuché su propuesta. Era justo lo que quería y, gracias a su petición no tuve que suplicarla. Sin dudarlo dos veces acepté su mano y me ayudé de ella para levantarme. Tras esto elevé mis hombros hacia detrás estirándolos hasta chascar mi espalda. Este nuevo mundo te destrozaba los huesos.

-Jej, por supuesto que voy contigo, ahora que te he encontrado de nuevo no te pienso dejar escapar. Me encanta formar equipo contigo.

Dije guiñándola un ojo con picardía. Echaba de menos la compañía, como también echaba de menos descansar la espalda sobre una superficie blanda, estaba ya harto de dormir en el suelo. Y prefería mil veces oler el aroma de Kym que oler le fétido gas de cloaca. Me agaché por un momento para comprobar mis deportivas y apreté los cordones. Después me erguí de nuevo y observé a kym, claramente desde los 20 centímetros de altura que le sacaba.

-Lo bueno ahora es que, después de tanto tiempo, los monstruos estos son torpes y lentos, es más fácil escapar de ellos, por lo menos ahora que no saben andar en vertical.

Bromeé demostrando que nosotros podríamos escapar fácilmente gracias al parkour, en comparación a aquellos monstruos que apenas mantenían el equilibrio para caminar. Me sentía extrañamente bien, era la primera vez que veía a alguien en meses, y la primera vez que tenía a alguien tan cerca sin necesidad de robarle desde... Bueno, desde que estaba en la banda... Ahora que tenía un lugar más estable podíamos planificar mejor los asaltos, e incluso buscar cosas de segunda necesidad, como estancos o tiendas de caza.

-Bueno, si no te importa me gustaría salir de este sitio asqueroso, he tenido que pasar la noche aquí dentro y me gustaría respirar aire fresco.

LA comenté medio en broma, pero era verdad, llevaba ahí desde ayer por la tarde y me sentía mas cómodo en el exterior. Al terminarme la chocolatina, hice una pelota con el envoltorio y lo dejé caer al suelo, total, a quien le iba importar que tirara la basura al suelo ¿a las ratas o a las cucarachas? Me sentía eufórico y contento, no podía esperar a llegar al piso, pero por fuera aparentaba estar tranquilo y sereno.Era hora de ver el sol de nuevo, esperaba que ningún caminante nos esperara fuera, y que el piso franco de Kym andara por aquí cerca. Mierda, ahora que me acordaba no tenía ni idea de a dónde debía ir.


-Bueno kym, te sigo

Saqué un cigarrillo del paquete que tenía en un bolsillo a medio terminar y lo encendí tras colocarlo en mis labios. Por culpa de kym antes perdí uno, por lo que no tuve tiempo para terminarlo a gusto. Ahora que me sentía mas cómodo podía fumar tranquilo, mientras, esperaba a que la preciosa mujer que estaba delante mía me guiara a donde quiera que tuviéramos que ir. Tras darle una calada al cigarro guardé el mechero y observé a kym para seguir sus pasos.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Sáb Nov 10, 2012 5:28 pm

Volvió a colocarse el pañuelo sobre el rostro en un gesto relajado y desentendido. En cualquier otro momento, lo más probable hubiera sido que virase sobre sus talones al tiempo que se lo colocaba tratando de mantenerse tan en silencio que ni siquiera respiraría para no producir sonido alguno… pero ahora no era así. Hacía apenas unos minutos se había fumado un cigarrillo sin preocuparse porque los caminantes la encontrasen y la llevaran a una encerrona, había reído junto con un viejo amigo como ya creía que no volvería a hacerlo sin contenerse y sin que le importase que pudieran oírla… y ahora iba a emprender el camino de vuelta a casa sabiendo que alguien cubriría su retaguardia tal como ella haría llegado el momento.

- Iremos por un sitio distinto del que tú y yo hemos venido. –Dirigió la mirada al túnel por el que se había deslizado minutos antes, negó ligeramente con la cabeza y bufó- He visto a algunos de esos cabrones seguirte hasta aprenderse tu ruta y me quiero ahorrar desgracias y mordiscos. Son peores que los pitufos cuando saltaban las alarmas de las tiendas. –sonrió bajo el pañuelo, le hizo un gesto de que la acompañase y se encaminó a las escaleras que había a su izquierda, la zona opuesta de donde Spike había venido.

Si era cierto que su rubiales favorito había estado viviendo en las cloacas y de estación de metro en estación de metro, probablemente no hubiera problema de que los siguieran si salían por aquella zona, además, al evitarse caminar por los túneles de los raíles las posibilidades de ser mordido disminuían considerablemente… y aunque lo cierto era que una ladronzuela como lo había sido Kym no quería arriesgarse; entre otras cosas, porque no se detuvo a pensar en todas las opciones cuando emprendió la marcha con decisión hacia los ya nombrados escalones. De esta forma, pegó la espalda a la pared en un gesto automático de prevención y se aproximó lentamente a la esquina de aquel pasillo, asomando apenas lo suficiente el rostro como para que su corta y cobriza melena se balancease suavemente sobre sus hombros y sus orbes carmesíes vislumbrasen algo. Despejado. Dirigió la vista hacia su acompañante y le hizo un gesto de manos acompañado de un asentimiento para indicarle que todo estaba despejado.

No aguardó a que se pusiese a su altura para avanzar a lo largo del corredor. Esperaba que la siguiera al mismo ritmo para que pudiesen recorrer más espacio en menos tiempo, pero también esperaba que estuviesen a una distancia prudente el uno del otro para que si caían en una emboscada, al menos alguno se salvase al estar alejados… pero sabía que él era impredecible. Así, al verse ella ya a mitad de camino, había pasado por alto el murmullo en forma de gemido lastimero y los pasos torpes que parecían provenir de donde ellos habían estado apenas unos segundos antes y se centró en saber si el pasillo que tenía a apenas unos pasos era transitable. Echó una última ojeada a su alrededor antes de asomarse; el suelo estaba lleno de algunos de los azulejos que se habían desprendido de las paredes así como de tierra y otros bultos que prefirió no identificar, las grietas surcaban todo el habitáculo de forma tímida, los carteles que hubieren indicado en un pasado las salidas y los servicios estaban rotos y tirados por el piso o eran ilegibles y las barandas de las escaleras estaban oxidadas y casi sueltas.

- Me cago en la... –el camino estaba bloqueado. El techo se había derrumbado sobre el pasadizo y bloqueaba la salida, aunque por suerte deberían quedar una o dos salidas más al final del corredor. Se llevó una mano a la cintura y con la otra se rascó la nuca mientras fruncía ligeramente los labios.- Ricitos de oro, ¿sigues teniendo el mapa del metro? Lo vamos a necesitar
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Dom Ene 19, 2014 6:06 am

Observé con nostalgia como se colocaba el pañuelo tapando su rostro como si de una antigua tradición se tratase. Hacía mucho tiempo aquello nos servía para proteger nuestra identidad, en parte, pero ahora quien sabe. Tal vez se cubría la cara para no tener que respirar el fétido aroma de putrefacción y suciedad. Por desgracia no íbamos a salir del metro... Aun... Decidido a seguirla con todas mis fuerzas comencé a seguir su ritmo para no entorpecerla. Recordaba la cantidad de veces que me había pateado el culo corriendo casi siempre delante mía. Aunque aquello nunca me desagradó, pues correr detrás de ella me proporcionaba una bonita vista de su trasero.  Perdido en mi mundo reaccioné al escuchar su voz.

Te sigo Kym.- Miré en la dirección a la que miraba ella por el túnel mientras escuchaba sus comentarios.- Tranquila esta línea de metro está bastante vacía. Cuando empezó el brote la cerraron de las primeras, mientras no cojamos la línea de metro principal no tendrás que preocuparte por mordiscos... Menos de los míos...
- Susurré para mí esto último de manera inconsciente, esperaba que no me hubiera escuchado.

Dejando de lado mi desliz, me concentré en seguir a Kym. La joven ladronzuela inició el camino hacia su refugio, mientras, yo la observaba y comencé a seguirla siguiendo su ritmo con facilidad. De vez en cuando nos parábamos para que vigilase las esquinas por si acaso había un peligro, confiando plenamente en ella, yo miraba hacia detrás para defender la retaguardia. Me conocía aquellos pasillos como la palma de mi mano, pero la oscuridad y la compañía de mi antigua camarada me hacía desconcertarme. La dulzura de su aroma sobresaltaba en el ambiente y hacía más fácil seguirla.
Reconocía aquellos movimientos de memoria, aquella manera de correr. Aquella estrategia era típica cuando huíamos de algo, así, si cogían a alguno de los dos el otro podía escapar. Normalmente eso me tocaba a mí por ir detrás, afortunadamente estaba acostumbrado a dar esquinazo a la policía. Aunque no era igual, el metro estaba destrozado, las paredes, los carteles, todo. El suelo estaba sucio y una especie de capa de polvo y papeles alfombraba toda la zona, entre escombros y basura yacían cadáveres en avanzado estado de putrefacción “De ahí debe de proceder ese olor nauseabundo”-pensé. Aunque aquello ya era como los gemidos de los zombies, te acostumbras y dejas de escucharlos.

- Claro preciosa, siempre lo llevo encima.- Dije guiñándola un ojo con picardía mientras buscaba entre mis bolsillos el mapa del metro. Me coloqué la linterna en la boca para alumbrar sobre el mapa esperando que Kym lo mirase también. Aunque me costaba articular palabra con el aparato en la boca le dibujé con el dedo una ruta alternativa por los pasillos de mantenimiento para cambiar de línea y seguirla hacia su refugio. - Fi vamof por estos pafillof podemof cambiar de línea o bufcar otro camino.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Dom Ene 19, 2014 8:57 pm

Aquel lugar me estaba poniendo nerviosa. Nunca me gustaron los lugares oscuros y húmedos, y ahora que encima hay pirañas en las esquinas, me gustan menos aún. Me aparté el cabello sudoroso de la cara echándolo hacia atrás y tras las orejas y traté de centrar mi mente en los sonidos que pudiera escuchar… ¿Qué fue eso? Pisé un cristal, ¿y aquello? Sólo arena crujiendo a mi alrededor… ¿Y eso? Vaya, mi respiración.

Mejor que me centre en otra cosa o terminaré volviéndome paranoica. No sé quién me habría mandado a meterme hoy precisamente en el metro con lo que siempre odié los laberintos, y al hijo de la grandísima puta que hubiera movido los hilos de mi destino, si es que teníamos de eso… debía agradecérselo en realidad. Desvié la mirada hacia Spike, situado a poca distancia de mí y sonreí con dulzura bajo el pañuelo, sintiendo que en aquel momento me aliviaba de una pesada carga. Estaba deseando llegar a casa, dejarme caer en el sofá y pasar toda la noche contándonos batallitas y bromeando. Con algo de suerte quizás me quedasen todavía un par de cervezas.

Cuando se acercó y desplegó el mapa ante mí, me permití contemplar durante unas décimas de segundo el baile de luces que se representaba en sus ojos, quedándome embobada por unos segundos y permitiéndome embriagarme de un olor que nada tenía que ver con el nauseabundo olor a muerte que reinaba por todas partes, evadiéndome por un momento de la realidad que me rodeaba y percatándome de algo en aquel mismo instante… ¿Antes dijo que iba a morderme? Me empezó a subir un extraño calor por el cuello y di gracias una vez más a llevar la cara tapada. Agité la cabeza para centrar mi atención en lo que lo merecía aquel momento y bajé la vista hasta el mapa. Seguí su dedo intentando memorizar el camino que marcaba y me presté a quitarle la linterna de la boca. Más que nada porque no entendía un carajo de lo que me quería decir.

- Con la boca llena no se habla, princesita. –le guiñé un ojo y oí lo que me decía con la linterna apoyada en su hombro, colocando la mano libre sobre el mapa para señalar una habitación- Es sala de la máquina, si volvemos allí podemos seguir por donde viniste o continuar por las vías hasta aquí… aunque queda algo lejos. A ver si no nos encontramos con los zombies de los huevos.

Le devolví la linterna aún encendida y me adelanté para asegurarme de que el camino seguía despejado. Llegando a la esquina, apenas si percibí un gemido lastimero, y me detuve a tiempo como para pegarme a la pared extendiendo el brazo a tiempo como para alcanzar a Spike e instarle a situarse a mi lado. Me dejé resbalar lentamente hasta quedar acuclillada y asomé poco a poco la cabeza para ver cuántos de esos hijos de puta había. Volví a pegarme a la pared, me puse de nuevo en pie y le miré levantando tres dedos de la mano derecha.

- Que no sean de los cabrones que chillan por favor… –susurré, más para mí que para ser oída, cerrando un momento los ojos antes de echar un último vistazo.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Lun Ene 20, 2014 1:22 am

Cada segundo que pasaba en aquella cloaca me hacía más echar de menos la luz del Sol. Tan cálida y brillante que te devuelve las ganas de sobrevivir y de pensar en que el futuro aun puede ser de los supervivientes. Al contrario que en los túneles del metro. La oscuridad y el polvo nos hacía perder mucha visibilidad, pero después de tantos días bajo tierra mis ojos se habían acostumbrado a la poca luz. Mientras intentaba vocalizar la mejor trayectoria escuché su comentario. Siempre tratándome de nenaza. Igualmente era una muestra de nuestra mutua confianza y aquello me hizo recordar nuestro pasado y antiguas aventuras huyendo y delinquiendo. Un ligero rubor apareció en mis mejillas. Afortunadamente la oscuridad nublaba la vista y no debería darse cuenta.

- Si, lo mejor es volver sobre nuestros pasos e ir por las vías, los túneles suelen estar completamente vacíos, al contrario que en las estaciones.

Recogí la linterna cuando me la devolvió y de nuevo volví a sentirla cuando rocé su mano para recogerla. Llevaba tanto tiempo sin ver a otra persona... Viva... Y sin notar siquiera el calor de otro humano. Me distraje excesivamente. Entonces mené la cabeza para volver a concentrarme, no debíamos distraernos o podríamos ser devorados por esos monstruos asquerosos. Comencé a seguirla con cuidado de no hacer nada de ruido, pero el sonido de los gemidos distantes en la lejanía comenzaron a hacer mella en mi inconsciente. Cuando se agachó para observar a través de la esquina aproveché para coger una de mis armas, sabía que tarde o temprano nos íbamos a encontrar con algún enemigo. Cogí mi palanca de hierro oscura y me preparé mientras esperaba la señal de Kym, la cual llegó al instante. Tres... Seguramente eran tres objetivos. Me asomé rápidamente para echar un vistazo y ver que tipos de enemigos eran. Tres enemigos nauseabundos con aun ropa de persona viva. El más cercano a nosotros, un chico con pintas de surfista permanecía inmóvil y de espaldas a nosotros a unos cinco metros, con ligeros tics en la pierna izquierda a la cual le faltaba el músculo del gemelo, seguramente habían empezado a devorarlo por ahí. Más adelante una mujer vestida solo con un camisón blanco y cabellos negros inundando su cara, realmente aterradora junto a un anciano en avanzado estado de putrefacción.

Pensé a toda velocidad y, a juzgar por la distancia de los otros dos podía actuar rápido, parecían lentos y seguramente eran caminantes no mutados. Agarré con fuerza mi palanca de la suerte y sprinté a toda ostia. A dos pasos del surfista realicé un certero golpe con todas mis fuerzas clavando la punta doblada de la palanca atravesando su nuca dejando un fuerte sonido de un crujido húmedo incrustándo el metal en su cerebro. El crawler calló al suelo inerte y aproveché para sacar la palanca de de su apestosa cabeza. Me incliné ligeramente para agarrar de nuevo mi palanca de la suerte ayudándome de una pisada sobre su nuca. Alcé mi hierro y golpeé el aire para lanzar la sangre al suelo y limpiarlo.

-Comienza la fiesta.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Lun Ene 20, 2014 8:43 pm

Casi me da un infarto cuando al subir los párpados tras suspirar, Spike no estaba a mi lado. El muy hijo de perra había salido cagando leches para abrirle la cabeza a uno de los caminantes y, de hecho, en aquel mismo momento estaba intentando desenterrar su palanca del cráneo. No sé si fue eso, la sangre danzando en el aire cuando sacudió el arma o la sádica media sonrisa que se le había dibujado en la cara, pero no pude evitar que un ligero cosquilleo me subiera desde el estómago. Volví la vista hacia atrás para asegurarme de que a los cadáveres que habíamos dejado atrás no les había dado por ponerse en pe y venir a echarnos una mano… al cuello, y apenas la oscuridad me hubo devuelto la mirada salí corriendo tras mi compañero, sobrepasándole mientras él terminaba de erguirse y buscando el respaldo de una de las columnas, donde pegué la espalda y el hombro izquierdo antes de extraer de su funda una de las P90 e hincar una rodilla en el suelo.

Suspiré. Las odiaba. Odiaba las armas de fuego. Se encasquillaban, podían explotar, necesitaban de recarga cuando se les agotaban las balas y en ciertas situaciones eran verdaderamente inútiles, pero no quería exponerme. Esos cabrones nunca iban en grupos aislados como el que formaban estos tres mierdecillas, sino que se agrupaban formando auténticas multitudes. No me apetecía tentar a la suerte, pero tampoco me fiaba de que pudiésemos tenerla de nuestro lado. Como fuere, contuve la respiración, guiñé el ojo para apuntar mejor y jalé el gatillo cuando la devora-hombres había girado sobre sus talones y empezaba a chillar antes de iniciar su marcha hacia el saquito de carne fresca que era mi acompañante. No me detuve a ver dónde le di, sólo sé que al menos tuve la suficiente fortuna de que al caer al suelo se dejase los sesos en la máquina de las chocolatinas de al lado.

- Búscate a otro rubito, mona. –susurré esbozando una ligera sonrisa mientras giraba el arma hacia el que quedaba.

Debo alegar en mi defensa que nunca me gustó eso de ir la primera en plan pistolera, pero tampoco eso de quedarme en la retaguardia como los francotiradores. Más bien me consideraba a mí misma alguien de apoyo, sólo una persona inmersa en un grupo mayor de gente, en el que la asignatura a aprobar siempre era sobrevivir y proteger, en ese orden, porque si algo te enseña la vida en la calle es que no hay que partirse los dientes por nadie más que uno mismo... Pero hoy lo alteré. Sigo siendo alguien de apoyo, pero hoy, en este momento en el metro, el orden ha sido proteger y sobrevivir, y por eso es que no me di cuenta de que un zombi se aproximaba a mí desde las vías con intención de arrastrarme hasta él. Sólo cuando me sentía preparada para cargarme al último un fuerte tirón que me hizo caer de bruces al suelo me ayudó a ver que había descuidado mi punto ciego.

No me quejé, pero no sé qué me dolió más, si el golpe en la cara, el tirón del tobillo o las piedras y la arena arañándome la piel. El subfusil cayó a mi lado cuando tiraron de mi cuerpo hacia atrás, y por todo acto-reflejo no pude sino agarrarme a la columna con todas mis fuerzas. Cuál fue mi sorpresa sin embargo, cuando al mirar hacia abajo para ver a mi atacante, me encontré al muerto del segurata del metro. Sonreí.

- Esto por las veces que me echaste, gilipollas. –Y sin más le propiné una patada en la cara con la pierna libre, con la que creo que le jodí la mandíbula.

En cuanto me sentí suelta de nuevo reculé, recogí el arma y apunté, aún tumbada, al que faltaba. Dos disparos, pecho para desestabilizar y cabeza para matar. El de las vías no sería capaz de subir a no ser que vinieran más de sus colegas y empezaran a pisotearse los unos a los otros, así que no me preocupé. Me incorporé hasta quedar sentada, me bajé el pañuelo de la cara con un tirón y me empecé a palpar el pie por encima de la bota. Me sentí aliviada de comprobar que no había nada por lo que preocuparse aunque la mejilla siguiera enrojecida. Me levanté sacudiéndome el polvo de la ropa.

- Me estoy haciendo vieja, Spike.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Mar Ene 21, 2014 12:30 am

Después de mi fugaz golpe al aire para limpiar la sangre de mi palanca sentí una fuerte bocanada de aire. Kym había salido corriendo adelantándome y poniendo su rodilla en tierra comenzó a disparar. Disparar... Eso no me gustaba nada. Antiguamente habría gozado como un niño viendo disparar a alguien, pero ahora no. No es que no me gustasen las armas de fuego, pero en estos momentos tenían una desventaja abismal en el mundo en el que nos habíamos convertido en la presa, en lugar de en los depredadores. El ruido de sus disparos se convertiría en la zona cero de una enorme oleada de cerdos hambrientos por un trozo de jugosa carne fresca. Hmm carne que yo también me moría por hincar el diente la verdad.

Me “desperté” de mi embobamiento cuando Kym cayó al suelo. Sin duda el golpe fue brusco pero fue por algo que no vimos, algo que se nos pasó. Aquel agente de seguridad del metro la había agarrado por el tobillo y la había tirado al suelo. En represalia, una certera patada impactó en la mandíbula del zombie. Tras esto, y cuando la joven pelirroja comenzó a disparar a los otros objetivos corrí hacia ella para librarla de su pútrida prisión de carne verdosa. Pisé el cuello del segurata y de nuevo propiné un certero golpe con la punta de la palanca atravesando el cráneo de éste. Una vez todo estuvo despejado la ayudé a levantarse y escuché su comentario seguido de una ligera risa proveniente de mí. Se le había quedado la mejilla roja como un tomate, seguramente por el golpe. Me pasé la mano por el pecho limpiandome la mano de suciedad y polvo y me lamí el pulgar de la mano derecha para que se humedeciera y después pasárselo por la mejilla y limpiársela de arena que seguramente tendría decorando su cara.

-Jajaja, la verdad es que no lo aparentas.- Dije guiñándola un ojo.-  Bueno, se acabó el descanso, debemos correr, como hacíamos antes de esta mierda, espero que tu culito sea capaz de llegar al piso franco, pelirroja. Vayamos por las vías

Era la hora de huir de allí. Un enorme tsunami de gritos y gemidos se escuchaba bastante y cada vez más, proveniente de más allá de la boca del metro. Sin duda la horda se estaba moviendo, si nos quedábamos quietos no los contaríamos. Y no me lo perdonaría si no me tomaba una última cerveza con semejante monumento de mujer. Agarré la palanca de la suerte y con un fuerte tirón la saqué de la cabeza del guardia y de nuevo sprinté hacia las vías. Era la única manera de escapar de allí. Salir por otra estación. Afortunadamente el trayecto hacia donde nos dirigíamos no estaba demasiado lejos pero aun así, debíamos actuar ya.

Cuando llegué al borde de la estación, cercano a las vías y a tiro del walker que por allí vagaba le propiné un golpe con la palanca con todas mis fuerzas, Incrustando, por tercera vez el hierro forjado en el interior del cráneo de un monstruo. Extrañamente el golpe debió de ser lo suficientemente brutal, certero, o no certero, realmente no sabía el por qué aquel zombie se había quedado trabado en el sitio con la palanca clavada. Increíblemente sobrecogedor. La verdad es que me acojoné bastante. Bajé a las vías para ponerme a su altura y le dí una patada fuerte para desestabilizarlo y tirarlo al suelo para recoger mi palanca.

- Maldito hijo de puta, que susto me ha dado.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Mar Ene 21, 2014 2:22 am

Acepté su mano gustosa cuando me quiso ayudar a levantarme, pero no pude mantener la sonrisa cuando pasó la yema de su dedo por la zona del golpe. De hecho, arrugué la frente frunciendo un poco los labios, como lo hacían los niños pequeños cuando algo les disgustaba. No me agrada reconocerlo, pero bueno, hasta a una delincuente como yo le duelen las caídas, e incluso tengo mi corazoncito… creo. Subí un momento la mirada hacia los ojos de mi compañero tal como acostumbraba a hacer cuando alguien se prestaba a dedicarme algo de atención, pero decidí devolverla hasta el lugar que quedaba a la altura de mis ojos y entretenerme mientras terminaba en guardar la pistola.

Los alaridos que se oían contra el eco de los túneles me llamaron a ponerme en marcha. Tomé su mano para apartarla de mi mejilla y le di unos golpecitos con los dedos de la opuesta en señal de agradecimiento. Mientras hablaba avancé hasta el andén, frente al cual me volví, a pesar de seguir manteniéndome a una distancia prudencial del mismo, para mirar a mi acompañante con una sonrisa divertida.

- Mi culito sigue tan perfecto como siempre, gracias. –pronuncié al tiempo que me daba una palmada en el lateral- ¿Y el tuyo? Creo que debe haber un pedazo por ahí. –Chasqué la lengua y crucé los brazos en un signo de falsa desaprobación- No sé si en estas condiciones podrás llegar, ¿eh?

Llevé una mano a la linterna, comprobando que la llevaba. Si no me gustaba disparar, llevar luces que revelasen mi posición me hacía menos gracia aún, pero en ocasiones era necesario. Quizás debería dejar de planteármelo como una caza y empezar a verlo desde el punto de vista de un juego, un tanto macabro, pero un juego al fin y al cabo. Sólo necesitaba un objetivo, y mi piso franco, lo era. Aguardé a que mi rubiales favorito pasase a mi lado para indicarme el camino por las vías, pues a pesar de que había entrado al metro por ellas, la rata callejera que me acompañaba era mil veces mejor que yo en cuanto a caminar por allí se refiere… pero en eso de acabar con zombis no lo tengo tan claro... aunque dado mi accidente anterior mejor no pronunciar palabra al respecto.

No pude evitar soltar una risita cuando, tras clavar por tercera vez la palanca de sus amores de la cabeza de un muerto viviente,  se asustó cuando el fiambre se quedó clavado en el sitio. Me senté al borde de las vías antes de impulsarme con los brazos hasta las mismas y allí aún me permití tomarme un momento para burlarme de nuevo de él; siempre desde el cariño, la fraternidad y todas esas chorradas que se dicen para que los demás no se enfaden.

- Venga cariño, no llores, que cuando lleguemos a casa te arreglo las uñas y te las pinto de rosita. –Le di una palmada en el hombro y tras mirarle un momento opté por ponerle también la mano en la cabeza, ciñéndole el gorro un poco más y acercándoselo a los ojos más de lo que lo llevaba en un principio. Tomé aire y dirigí una mirada al fondo, al lado opuesto del túnel al tiempo que resbalaba los dedos hasta su nuca. Volví a alzar la voz esta vez sin mirarle.- Vámonos de aquí anda, quiero volver a ver el sol.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Mar Ene 21, 2014 6:04 am

Tras ayudar a la pelirroja a levantarse  una sonrisa juguetona apareció en mi rostro. Logré acariciar ligeramente su mano mientras se erguía con mi ayuda. Su mirada se clavó en mis ojos haciéndome sentir extraño. Me vi forzado a desviar ligeramente hacia otra parte. Pocas veces había conseguido mirar a alguien a los ojos, me hacía sentir vulnerable a quien me miraba. Tal vez sería un mecanismo de defensa que fue evolucionando con los años y cada año que pasaba no hacía más que sentirme pero cuando me miraban a los ojos directamente. Aunque me odiaba por esto, sus ojos rojos me hacían perderme en su belleza Sonreí ante sus “bienintencionados” y crueles comentarios, era típico de su encanto.

-Venga no me jodas, si mi culo está como una piedra. Ya te gustaría a ti probarlo.- Dije bromeando demostrando nuestra mutua confianza y dándome un cachete para fardar de nalgas duras..- Puedo llegar de sobra,es mas si quieres te llevo. ¿O a caso quieres una carrera?

En realidad no era muy buena idea ponernos a jugar y hacer carreras teniendo semejante ejercito de comemierdas siguiendonos. Limpié la palanca golpeando el aire y la colgué de mi cinturón mientras fui a coger mi linterna y apunté en la dirección en la que debíamos ir, recordaba que los túneles por donde circulaban los trenes estaban vacíos, la mayoría de los trenes se quedaron en la estación central a varios kilómetros de distancia. Me preparé flexionando varias veces las piernas para calentar antes de comenzar a correr por el túnel. Comencé a correr grácilmente por las vías, acostumbrado a correr por aquí, esto no era mas que un tramo como otro cualquiera. Mientras corría aproveché para soltar una gracia y descargar algo de la tensión. Los caminantes estaban bastante lejos y teníamos tiempo.

- Venga que parece que te pesan los años. Antes me podías seguir el ritmo.

Continué corriendo a un ritmo constante por todo el túnel. Esto para mí era como un juego, una manera más de correr, como hacía años, antes de toda esta mierda, corríamos por aquí. Puede que veinte metros más arriba, pero en la misma ciudad. No sabía hacer otra cosa más que huir, pero se me daba de puta madre. Mientras corría apuntaba hacia adelante con la linterna para que viéramos por dónde íbamos. De vez en cuando lanzaba fugaces miradas hacia Kym para asegurarme de que no la perdía por el camino, ahora era diferente corríamos por vivir, no por solo ser capturados. En realidad no era un juego, era correr por nuestra supervivencia.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Mar Ene 21, 2014 9:49 pm

Una punzada de dolor, proveniente del tobillo izquierdo, me dejó una sensación acolchada que me llegó hasta la puna de los dedos de ese mismo pie. Internamente me cagué en los muertos del muerto, valga la redundancia, por haberme dejado algo resentida la pierna tras el tirón... aunque tampoco creía que fuera nada grave. Haciendo una cuenta rápida no creo que tenga más que preocuparme por tener una buena pisada al correr, no forzarlo haciendo más gilipolleces de la cuenta y por no patear más culos de la cuenta con la articulación fría. Nada nuevo, y sin embargo no podía permitirme ningún fallo. Inconscientemente empecé a describir círculos dejando el talón al aire.

Llevé la mano hasta mi linterna ante la duda de si él usaría o no la suya, pero no la llegué a descolgar siquiera del cinturón para cuando mi compañero ya tenía la suya en su mano. Una punzada de dolor, proveniente del tobillo izquierdo, me dejó una sensación acolchada que me llegó hasta la puna de los dedos de ese mismo pie. Internamente me cagué en los muertos del muerto, valga la redundancia, por haberme dejado algo resentida la pierna tras el tirón... aunque tampoco creía que fuera nada grave. Haciendo una cuenta rápida no creo que tenga más que preocuparme por tener una buena pisada al correr, no forzarlo haciendo más gilipolleces de la cuenta y por no patear más culos de la cuenta con la articulación fría. Nada nuevo, y sin embargo no podía permitirme ningún fallo. Inconscientemente empecé a describir círculos dejando el talón al aire.

Llevé la mano hasta mi linterna ante la duda de si él usaría o no la suya, pero no la llegué a descolgar siquiera del cinturón para cuando mi compañero ya tenía la suya en su mano. No creía que hubiera que encender más luces de las necesarias. Moví los hombros en círculos y me crují las cervicales con un movimiento de cuello, pero no pude sino detener todo lo que estaba haciendo al oír su comentario. Le miré de arriba abajo dos veces, y me humedecí los labios haciendo tiempo hasta que se me ocurrió algo que decir. Sonreí con mi habitual malicia.

- ¿Y quién te dice a ti que no he probado ya culos mejores que el tuyo? -hice una pausa, no porque esperase su reacción sino para que mis siguientes palabras sonasen con más fuerza- U otras cosas -Le guiñé un ojo y me reí después abiertamente. Aquel comentario no lo dije con segundas, pero jamás me había decepcionado la cara de mis oyentes cuando procesaban la información, más aún si se sonrojaban.- Y déjate de carreritas que mejor que tu hombría siga intacta.

Dirigí una vez más la mirada al fondo del túnel. Empezaba a ponerme nerviosa con tanta oscuridad, luces intermitentes y gemidos por uno y otro lado. Aunque de vez en cuando me sorprendía y a la vez me aterraba el distinguir un gorgoteo o un alarido parecido a un llanto rompiendo el compás de los gorgoteos. No fue necesario sin embargo apremiar a mi acompañante, pues antes siquiera de poder separar de nuevo los labios, ya había iniciado su carrera hacia la próxima estación. Yo por mi parte me subí la cremallera de la chaqueta, eché una ultima ojeada a mi alrededor y corrí tras Spike. Mi marcha era, a decir verdad, bastante simple: zancadas grandes en un principio para adaptarme al terreno y poner a prueba mi tobillo, luego, todo era tan simple como ir acelerando poco a poco.

Me mantuve un rato tras mi rubio favorito apreciando su silueta entre el juego de sombras del túnel, vigilando no tropezar y mirando los bultos que pudiera haber a uno y otro lado. Sabía que no iba a venir ningún vehículo guiado por los raíles a embestirnos, pero en aquel momento incluso morir arrollada se me antojaba más alentador que el hecho de que me desgarrasen la piel a mordiscos. Salí de mi ensimismamiento cuando me alumbró con su linterna y me instó a ir más rápido. Ya casi veía el final del túnel.

- ¿Recuerdas aquella vez que con el colocón nos pusimos a perseguir las luces de los trenes? -respondí acelerando, poniéndome a su altura y sonriendo a pesar del esfuerzo por mantener el ritmo de la respiración- Casi nos matamos.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Miér Ene 22, 2014 7:15 am

Anteriormente escuché el comentario de la chica de cabellos carmesí. Realmente no sabía si estas bromas las hacíamos ya por nuestro exceso de confianza o tal vez, y solo tal vez, cualquier psicólogo diría que era un mecanismo de defensa que teníamos ante aquellas situaciones. Encajar el miedo con el humor, al menos esa era mi manera de afrontar los problemas, de este modo hacía parecer que les restaba importancia y no me afectaban. Pero no era así, en el fondo, muy dentro de mí, en una caja minúscula de acero blindado guardaba mis sentimientos. Miedo, frustración, deseo, nostalgia, rivalidad y, sobre todo una sensación que no se podría describir con palabras. Todo eso me inspiraba Kym en aquel momento, pero eran cosas que no quería ni siquiera pensar, y menos ahora, cuando centenas, o incluso miles de bocas ansiaban nuestra carne jugosa y suculenta. Un sudor frío recorrió mi espalda mientras encontraba sus palabras graciosas.

- Para el carro chata, ¿pretendes seducirme sin invitarme a una copa ?. Uyuyuy mal empezamos eh. - Bromee sobreactuando notando la tensión escalando por mi espalda y alojándose en mi nuca. Solo un loco se quedaría quieto hablando mientras le persigue una horda de zombies. O peor, solo un idiota trataría de reirse de la chica de ojos color sangre. Puede que esa mirada de perro rabioso se te incrustase en la cabeza y puede que si te quedaras mucho tiempo mirando podrías morir desangrado. Pero esos ojos hacían que mereciera la pena cualquier puñetazo en el estómago o patada en el culo que me propinara.

La carrera a contra reloj continuaba. Era nuestra oportunidad de irnos de aquel sitio de mala muerte y aun así ese no era mi principal objetivo. Me sentía estúpido por pensar esto pero, después de aquel golpe en la pierna seguramente nos retrasaría y tampoco quería que mi acompañante sobreesforzase su tobillo sin saber si podría estar lesionado o no. De este modo y tratando de que no se notara retrasé mi ritmo de forma gradual bastante lentamente. Sabía que Kym no me perdonaría si le daba “ventaja” a si que hice algo más notoria mi respiración. Cuando menos me lo esperaba, me alcanzó y soltó un chiste, para librar tensión tal vez, pero eso consiguió que me riera de la manera mas absurda que tenía. Aquella risa odiosa que se me escapaba cuando estaba en un momento tenso y en el cual me encontraba nervioso. Esa estúpida y fuerte risa que me hacía perder fuerzas de la cantidad de aire que expulsaba y que tuve que acallar rápidamente con mi mano libre de linterna. No tenía otro comentario que hacer. No había otro tema de conversación en el mundo que un día que nos colocamos y nos pusimos a perseguir trenes. En el mejor momento tenía que soltar aquella perla. Pero mis zancadas veloces continuaban imparables, con mi respiración entre cortada en parte por la risa y en parte para oxigenar mi cuerpo de manera involuntaria.

-Como sigamos... Riéndonos... Nos atraparán... Y entonces se reirán... Estos hijos de puta... Dije con la respiración entre cortada como bien pude. Pero la risa volvió a mi...- Lo bueno fue... Cuando los guardias se quedaron acojonados... Cuando saltamos a las vías... detrás del tren... Los pobres gilipollas... No sabían que hacer, si perseguirnos... O quedarse mirando acojonados... Aunque la verdad es... que no me acuerdo muy bien... Más pronto que tarde, conseguimos llegar a la luz al final del túnel. Habíamos abandonado la oscuridad para conseguir llegar a la siguiente estación, algo más iluminada al estar más abierta. Pero ahora... ¿Hacia donde ir ?
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Sáb Ene 25, 2014 2:21 am

Nunca me gustó tener los ojos rojos. La mitad de los habitantes antes de que se desatase la pandemia creían que era un demonio, el anticristo o que estaba poseída o algo similar. No me dejaban entrar en buena parte de los locales, terminé por ceder ante el empeño de encontrar trabajo e incluso había quienes se cambiaban de acera al cruzarse conmigo. Era objetivo de críticas, burlas, desprecios y bromas pesadas, incluso a veces dentro de la propia banda. Recuerdo una vez que con las tonterías me dijeron de entrar en una iglesia y el pobre sacerdote casi se nos muere del susto; los colegas lo encontraron muy gracioso, los de la ambulancia no tanto.

Estaba bien el respeto que conseguía sólo frunciendo un poco el ceño y mirando mal a quienes me rodeaban, pero llegó un punto en el que realmente llegué a desear que todo se fuera a tomar por culo… entonces surgió el brote. La gente se empezó a morder los unos a los otros y había quienes me culpaban a mi por ello, que había echado una maldición o algo parecido a la humanidad que me había acogido en su seno. Cuanto fanático suelto.

Como cabe esperar, las cosas no fueron a mejor. Los pocos supervivientes que quedaban me trataban como a un monstruo, e incluso alguna vez me habían disparado creyendo que era un muerto viviente… y respecto a ese tipo de trato, Spike no era una excepción. No es que me hubiera encañonado, amenazado o tratado de forma distinta por una soberana gilipollez como lo era el tono del iris, pero sí notaba, porque había que ser muy estúpido como para no percatarse de ello, que a veces llegaba a sentirse intimidado. Una pena, en realidad incluso le he cogido cariño, pero ese miedo, respeto o como se le prefiera llamar ya no era cosa mía.

- ¿Ves como te pesa el culo? ¡No vas a poder llegar!  -le insté a seguir adelante cuando noté que le flaqueaban las piernas de tanto reír. No es que me molestase que riera, de hecho había sido yo la causa de que estuviera decelerando, pero si tenía algo claro era que quería seguir oyendo esa risa durante días. Le agarré del brazo a la altura de la muñeca para que no se detuviese.

Notaba una afluencia importante de sangre a la altura del pie izquierdo, pero mientras no me molestase no me planteé detenerme, ya quedaba poco para llegar a la próxima estación. Y veía “la luz al final del túnel”. Parpadeé repetidamente cuando llegamos por el cambio de iluminación y relajé la tensión de mis dedos para apoyar la palma de las manos en el borde del andén y subirme de un salto. Di unas vueltas sobre mí misma mirando el techo, las salidas de emergencia e incluso las escaleras; todo normal… en apariencia.

- Cúbreme las espaldas si eres tan amable  -los ruidos no cesaban y no me fiaba de que pudieran aparecer de la nada y yo, bueno, acababa de ver una preciosa máquina que me estaba pidiendo a gritos un saqueo. Saqué la ganzúa otra vez, me arrodillé frente a la cerradura e hice hueco en la maleta.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Sáb Ene 25, 2014 5:22 am

No recordaba haber corrido tanto en semanas, De vez en cuando hacía alguna carrerilla para no oxidarme pero nunca con peligro real. Ahora era diferente. Notaba como perdía el ritmo involuntariamente por la risa. Afortunadamente, mi acompañante debía sentirse mal por haberme hecho reír o podía ser que no quería perderme o dejarme atrás. Noté un calambrazo helado recorrerme la muñeca. Como era de costumbre tenía las manos heladas, cosa que no me disgustaba porque yo siempre las tenía ardiendo y, para que negarlo, lo notaba refrescante. Aquella muestra de aprecio me hizo recobrar algo de mis fuerzas y me concentré en la luz al final del túnel. Fruncí el ceño ligeramente mientras mis ojos se acostumbraban al cambio de luz.

La estación de metro de Little Crossroad. Una pequeña estación de metro que solo tenía una línea de metro. En esta zona tan poco transitada solía bajarse la gente de los barrios bajos. Era un área poco transitada en la que vivía gente de baja escala social. No era un barrio marginal, ni mucho menos, tan solo una zona algo más antigua y poco cuidada tal vez. Recordaba esta estación porque no había guardia de seguridad. Un barrio en el que la gente paseaba sin pensar en que los sinvergüenzas y las ratas callejeras acechábamos en el lugar. Como una hermandad de ladrones, esperábamos el momento oportuno para acercarnos a recolectar nuestros dulces frutos. Cogíamos todo lo que podíamos sin pensar en las consecuencias con la única regla de distanciar los robos y no concentrarlos en un solo punto. Tirones de bolsos a ancianas. Robos por sorpresa. Audaces estratagemas con juegos de manos para robar carteras. Al principio comencé a robar como método para conseguir algo que llevarme a la boca, a parte de algún que otro puñetazo, tenía lo justo para sobrevivir. Comida... Dinero... Y risas... No solía ser muy social entre los miembros de la banda, aunque con Kym era diferente.

Mientras parpadeaba acostumbrando la visión a la estación me daba cuenta de cómo había cambiado todo. Bueno, no todo, aun seguíamos corriendo y huyendo... Y el fuerte murmullo de la gente hablando se había convertido en una orquesta de gemidos y gritos. Pero eran los mismos estúpidos de siempre. Y de nuevo... Una referencia a mi culo... Hice caso omiso porque ahora mismo había cosas más importantes. Mientras pensaba en por donde salir escuché a Kym hablar de nuevo. Realmente no era una mala idea. En breve la estación estaría hasta las tetas, a si que no podríamos volver a por esa comida. Pero había que darse prisa... Sin preguntar la ayudé a subir de las vías al andén, apoyando mi mano derecha en su espalda la dí un ligero empujón para que pudiese subir más fácilmente.

– Tranquila, yo te cubro lo que haga falta... Pero date prisa que no me gustaría que me soplen la nuca por una bolsa de gusanitos. – Apunté con la linterna por toda la estación. Aparentemente no había ningún peligro, esperaba que así fuera. Mientras apuntaba con la linterna al camino por el que vinimos para ver si estaban cerca me quité la mochila y la arrojé cerca de la pelirroja. Por si necesitaba mas espacio para guardar comida. Los gemidos aumentaban en volumen como acercándose hacia nosotros. Sabía que era bastante diestra con la ganzúa pero empezaba a ponerme muy nervioso. - ¿Necesitas gafas? Antes las abrías sin mirar. Si quieres te paso la palanca para que la des de ostias, así acabaríamos antes. Dije bastante inquieto por los gemidos que se nos acercaban. Apuntaba con la linterna hacia el túnel por el que venimos. La luz de la linterna no llegaba tan lejos y mi mano tiritaba de nervios haciendo que la luz se moviese de igual manera. No podía creer lo que se nos venía encima...

-Su puta madre susurré para mí mismo...
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Lun Ene 27, 2014 10:37 pm

Los hierros de la ganzúa se me escurrían de las manos. Los putos alaridos cada vez se acercaban más desde el túnel hasta nuestra posición haciendo eco contra las paredes del metro, poniendo a prueba mi capacidad de concentración y crispando mis nervios hasta tal punto que el cristal de aquella máquina expendedora, ya resquebrajado de por sí, temblaba bajo los rígidos guantes de parkour que cubrían mis manos cada vez que me decidía a alzarlas para aporrearlo con todas mis fuerzas. Sentía que los dedos me temblaban bajo el frío cristal resquebrajado por la tensión, que el cuerpo se me perlaba de un sudor frío que llegó en realidad a revolverme el estómago y que incluso mis rodillas amenazaban con dejarme en la estacada. A mi espalda, por si todo aquello no fuera suficiente, notaba a Spike nervioso como lo podría estar un ratoncillo al notar que en su madriguera acaba de entrar una serpiente, mirando de un lado a otro en un vano intento de procurarse una vía de escape antes de que el reptil le convierta en su cena. Oía sus comentarios sin inmutarme, aparentando una calma que en realidad no sentía, hasta que perdí los estribos.

Era incapaz de extraer los hierros de la condenada cerradura, incluso tras un zarandeo. Aporreé una vez más el cristal hasta que finalmente, quizás presa de mi propia imaginación inquietante, opté por propinarle una patada a los mismos con el tacón de la bota.

Ni siquiera sonreí cuando la puerta cedió en aquel instante a mis continuos intentos, pero no pude evitar pensar que la violencia siempre terminaba solucionando mis problemas aunque lo normal fuera lo opuesto… en fin, ¿algo aquí es normal? Eché la puerta hacia el lado con un brusco movimiento y arrasé con los estantes, haciendo barridos con mis brazos con los que terminé de llenar tanto mi mochila como la de mi compañero. Tuve que aplastar el contenido de ambas para que pudieran cerrar bien, más por exceso de volumen que por alguna otra cosa, y mientras echaba las cremalleras rezaba a Alá, Buda, Cristo e incluso Bob Esponja para no tener que salir mañana en busca de más víveres… aunque bueno, con llegar a mañana en realidad era suficiente.

- ¡Ya está! –decidí avisar a mi rubio favorito cuando, ya con la maleta al hombro, me volteé poniendo una mano en el suelo para levantarme. Me quedé con la ganzúa en la mano para alumbrarme con la linterna anexa, pues recién acababa de comprobar que la entrada principal seguía, mínimo, intacta.

Me aproximé hasta el borde del andén, le tendí a los ojos azules que me esperaban allí la mitad de mi carga y le ofrecí mi mano para ayudarle a subir. Me quedé bloqueada un segundo al contemplarle: temblaba. Su mano hasta hacía apenas unos segundos había intentado, como lo intenta una amapola en un campo de cenizas cuando un fuerte viento la sacude, mantenerse firme y disipar las sombras de lo que había sido nuestro camino de ida, y de la misma manera que esa flor carmesí pierde sus pétalos, él era incapaz de mantener la luz en un solo punto. Estaba asustado, más asustado incluso que aquella vez que nos vimos en medio de una disputa entre las fuerzas especiales de la policía y un grupo fascista, recibiendo palos de un lado y de otro. Tan sólo pude pensar que tenía que sacarlo de esta mierda.

En cuanto estuvimos a la misma altura, me aproximé hasta tomarle la cara con las manos y obligarle a pegar su frente contra la mía. Le miré fijamente a los ojos, me paseé la lengua por los labios y dejé resbalar los dedos hasta que se deslizaron por su cabello. Tomé aliento sintiendo su respiración contra mi piel.

- Vamos a salir de esta. Tú y yo. –asentí con seguridad esperando una respuesta que no me detuve en contemplar. Me di la vuelta, le mantuve agarra do por la muñeca y le hice un gesto con la cabeza para que supiera el camino que debíamos seguir. Le llevé escaleras arriba, y avancé guiándome con mi propia luz.

No me malinterpretéis, nunca he sido una heroína, y sobretodo, jamás pensé que tendría que comportarme como tal. Tenía miedo, mucho miedo. Sentía las manos sudorosas, un hormigueo constante por el cuerpo y el corazón bombeando con tanta fuerza que temí porque se detuviese. Pero en esta ocasión no estaba sola, en esta ocasión había alguien devolviéndome el apretón de manos. Sabía que si metía la pata había él intentaría por todos los medios sacarme del lío. Siempre hemos sido ratas y en muchas ocasiones nos negaron la posibilidad de hacer las cosas por honor; el hecho de que no tengamos familia no implica que no lo seamos los unos para los otros, y lo propio de una familia, es que se proteja sin importar el miedo.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Mar Ene 28, 2014 5:05 am

El tintineo del metal dentro del candado prevalecía sobre el murmullo continuado de aquellos monstruos. Intentaba concentrarme en otra cosa pero no podía, porque allí, al final había algo que temía mas que nada. Entre toda esa masa heterogénea de carne, dientes y uñas, habían enormes acumulaciones que no tenían comparación a los caminates normales. No estaba seguro de que era, porque estaba lejos y no lo veía bien. Pero tampoco quería verlo. Mi nerviosismo era cada vez más evidente, a penas podía apuntar con la linterna, pero, por suerte escuché la voz de un ángel. Un ángel pelirrojo que me dió la mejor noticia que podían escuchar mis oídos en ese momento... “¡Ya está!”... Esas dos palabras sonaron como una canción de Black Sabbath en un día nublado disfrutando de unas litronas en un parque. No podía sentirme mejor, lejos de dudar de su habilidad como cerrajera nata, sabía que abriría la máquina, aunque no de esa manera.

Provisiones. Gracias al cielo, o a los reponedores de alimentos procesados, ahora teníamos comida para varios días más. Observé como se acercó a mi y me ayudó a subir al andén. Acepté su mano mientras, con la otra me apoyaba en el borde y realizaba un potente impulso para lograr subir a la zona elevada. Noté su mano fría de nuevo, refrescándome el calor corporal que avanzaba por mi mano hasta la muñeca. Aun temblaba de miedo por lo que habían contemplado mis orbess cristalinos. Aun en el fondo, me sentía fatal porque poco a poco me daba cuenta de lo que estaba pasando, era un mierdecilla. Un nenaza que debía ser tranquilizado para no cagarse de miedo encima. Pero bueno, estar asustado no es malo, te agudiza los sentidos y te sientes más alerta. Eso es lo que diría para tranquilizarme y no sentirme tan estúpido. Seguramente sería por llevar mucho tiempo cuidando cada detalle para no despertar la alarma, mucho tiempo sin sentir una masa enfurecida contra mí. Pero estos no iban con escudos y porras de plástico como en el pasado, uñas y dientes, antes nos querían dar una paliza y ahora nos querían comer.

Para mi sorpresa, cuando conseguí subir y ponerme de pie sobre el andén se acercó a mí y tomo mí cara con sus manos, tan suaves como una sábana de seda, casi como una caricia. Me encorvé ligeramente para poder ponerme a su altura, era una desventaja que casi le sacara una cabeza, pero ahora mismo no pensaba en eso. No podía pensar. Su frente permanecía en contacto directo con la mía mientras me miraba a los ojos. Esos brillantes ojos rojos. Haría lo que fuera por ellos, y más ahora que no quería volver a perderla.

Comencé a relajarme poco a poco y respiré hondo asintiendo con la cabeza a su afirmación. De nuevo, sentí su mano agarrando mi muñeca y guiándome... Y yo, permanecía en una especie de trance por lo que acababa de suceder, nunca ví a Kym comportarse así, normalmente tan solo hubiera recibido alguna broma o un “No me llores rubia” pero algo más me inquietaba. Entre los murmullos, los gemidos y los gritos había algo más. Pensaba mientras subíamos las escaleras y de repente lo supe. Mientras agarraba mi muñeca, deslicé mis dedos sobre su muñeca y la cogí para dar un ligero tirón y que parase de golpe. Con la otra mano le tapé la boca a Kym de manera instintiva para que hablase demasiado alto y que escuchase mi voz entre susurros.

-Hay alguien llorando.¿No la ves más arriba? Vamos por otro lado..Y en verdad era así. Sollozos, aquellos sollozos característicos de una mujer con el corazón roto. Literalmente, a bocados, pues la distorsión entre la respiración inexistente de aquella mujer, demostraba lo que era, no hacía falta mirar a lo alto de las escaleras para verla deambular tapándose el rostro. A pasos lentos, tan perdida en sus lloros que no se percataba de nuestra presencia. Solo una vez vi con anterioridad una hija de puta tan grande. Un superviviente estúpido se acercó conmovido a intentar consolar una y ésta le arrancó la cara a mordiscos... Afortunadamente fue él y no yo, en aquel momento tuve la oportunidad de escapar y aprender, esa clase de monstruos eran una trampa mortal

Guíandola yo ahora, emprendí la marcha bajando las escaleras, sabía perfectamente por donde ir.-Vamos por la salida de emergencia. Corriendo por los pasillos que conectan con el andén, encontraríamos una puerta de metal con un tirador el cual comenzaría a empujar con todas mis fuerzas para intentar abrirla. Como un idiota, el paso del tiempo y el desuso, junto a la suciedad había creado una capa de roña endurecida que hacía que costase más empujar el tirador y desbloquear la salida. Desesperado por salir de allí. Con un fuerte sentimiento de claustrofobia en mi interior recurrí a una certera patada con todas mis fuerzas al agarrador para así usar toda la fuerza de mis piernas y conseguir desbloquear la salida. A cambio de un fuerte dolor en la planta del pie, del cual haría caso omiso...

-Ya casi puedo oler el aire fresco.- Aunque dije esto convencido al cien por cien, en realidad pretendía engañarme a mi mismo, llevaba días en el metro oliendo esta mierda, necesitaba un respiro.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Kym el Vie Ene 31, 2014 6:59 pm

Mientras subía a toda prisa los escalones centrándome en el rítmico golpeteo de mis botas contra el suelo, las vías se llenaban de caminantes. Si uno prestaba la suficiente atención, incluso a la altura a la que nos encontrábamos ahora, se podría escuchar sin especial problema los alaridos, los tropiezos, los golpes contra el suelo o las paredes e incluso el crujido de los huesos al romperse. Por encima de ello, y se podría decir que incluso al compás del vaivén de mis brazos, el corazón me latía con tanta velocidad que por un momento creí que las costillas no serían capaces de contenerlo. Miré un momento a Spike sintiendo que mi cobrizo cabello se me pegaba parcialmente al rostro por el sudor; me sentí contenta de comprobar que se había relajado, que tenía la mirada fija en nuestro objetivo y que aquellos cálidos dedos que se aferraban a los míos ya no temblaban de nerviosismo.

Volví la vista al frente, ya casi podía ver los tornos del metro, aquellas máquinas que tantísimas veces nos saltamos, no sólo el rubiales y yo sino también el resto de miembros de la banda. Luego siempre tocaba correr; correr para coger el metro; correr para burlar a los seguratas; para distraer a la poli después de dar un golpe o tras pillarnos con maría. Nos conocíamos de sobra las medidas de aquellos aparatos metálicos de puertas de cristal, sólo había que apoyarse con las manos, dar un salto y colocar los pies en el lugar concreto para impulsarse hacia el frente. Ya estábamos cerca, ya se podían ver incluso los cristales del ascensor, ahora manchados de sangre, e iba a abrir la boca para decir algo cuando un tirón del brazo derecho me obligó a retroceder un par de pasos hasta que mi espalda chocó contra el pecho de mi acompañante y colocó su palma contra mis labios impidiéndome producir sonido alguno, siquiera un gruñido de queja.

Un escalofrío me recorrió la espalda de arriba abajo hasta los lumbares, donde se intensificó levemente. Me removí contra su cuerpo echándome un poco hacia el lado opuesto, pero no pude evitar quedarme petrificada cuando, al terminar de hablar, la silueta de una mujer que pretendía ocultar su rostro del llanto pasó junto a los tornos, chocándose contra ellos y cayendo al suelo. Casi llegó a darme pena, y digo casi porque no había que ser un gran observador para comprobar que le faltaba la musculatura de las extremidades superiores. Levanté una ceja, era lo que me faltaba por ver. Asentí ante el resto de sus susurros y me di la vuelta, presta, cuando me comunicó su decisión de ir por la salida de emergencia.

¿Desde cuando el rubiales tenía tantas luces? Se suponía que yo era el cereb… No, mejor no. Me dejé guiar esta vez escaleras abajo y esta vez por Spike mirando hacia atrás de manera instintiva. No es que dudase de mi compañero, y tampoco es que mi instinto de supervivencia se hubiera apagado, simplemente era… que no hubiera esperado ver a una criatura así. Vale, llamadme loca. Sé que no es más que una grandísima hija de perra que en cuanto pueda hará lo imposible por lanzársenos al cuello, pero no pensé jamás que la pandemia pudiera haber afectado a un ser vivo de esa manera. Era trágico que llorase, o que aparentase llorar al menos, como si fuera consciente de su estado y se arrepintiera de las vidas arrebatadas, de aquel hambre atroz y de que su cuerpo se descompusiera con lentitud… Pero si lo que quería era un abrazo de consolación, se lo iba a dar su puta madre.

Llegamos a la puerta de emergencia justo cuando de tanto mirar a mi alrededor me  tropecé con mis propios pies. A veces me asombraba no haberme abierto la crisma saltando de tejado en tejado, pero bueno, esos eran mis tiempos mozos. Cambiando un poco de tema, las vías se habían llenado de muertos, o de no-muertos, como se prefiera ver. Extendían las manos hacia nosotros como si de los fans de Metallica rogando por un autógrafo de sus héroes se tratase. Recordé la canción de “One” y me dio un escalofrío al comparar la historia narrada en la canción con la que estábamos viviendo ahora. Me acudió a la mente aquella parte en la que decía:

“Oh please God wake me”

Vale, lo dejo, me estoy rayando demasiado.

Nos abalanzamos sobre la puerta intentando abrirla. Parecía que el desuso la había bloqueado, o quizás hubiera algún cuerpo tras ella que impidiese su apertura. Miré a mi izquierda y solté el tirador poniéndome en guardia de cara a las condenadas vías; esos cabrones se estaban pisoteando los unos a los otros en un intento por subir.

- Date prisa cariño, los niños tienen hambre. -Llevé la diestra a la empuñadura del arma blanca de mi espalda, deslizando los dedos con cuidado para evitar que se me resbalase de los nervios… pero no fue necesario desenvainar.  Con una patada los ojos azules que me acompañaban había conseguido abrir. Sonreí. ¿Qué os dije de que la violencia siempre resolvía los problemas?

Giré sobre mis talones con rapidez y le puse una mano en la espalda para empujarle hacia el interior con suavidad. Cerré la puerta tras de mí y aún la sostuve un poco mientras miraba a mi alrededor. Buscando con qué bloquearla.

- Me cago en mi puta madre. –sí chicos, lo siento, no había nada. Empecé a subir los peldaños de dos en dos- ¡Corre coño!

Cuando puse un pie en el exterior me detuve en seco llevándome ambas manos a la cara, donde mis ojos rojos, cejados por el sol, no hacían sino llorar. Caí de rodillas, y mientras me proyectaba con el brazo una suave sombra sobre la cara, me subí las gafas de aviador que llevaba colgada del cuello y ajustándome la goma a la cabeza. ¿Veis? Otro inconveniente de mis ojos. Eché una ojeada rápida, pero a pesar de la turbidez de mis ojos pude orientarme.

- ¿Recuerdas la casa abandonada donde nos reuníamos? –me incorporé con cierta torpeza, y le hice un gesto con la cabeza antes de empezar a correr.
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Re: Un cálido despertar

Mensaje por Spike Spiegel el Vie Ene 31, 2014 10:51 pm

Mientras aun permanecía con la mente apuntando con todas sus fuerzas a empujar la puerta. Las palabras de Kym pensaba que no me ayudaban, pero estúpido de mí una mezcla entre ganas de sobrevivir y también la estúpida idea de intentar impresionar a la pelicobre con mi fuerza, me ví coaccionado a hacer uso de aquella patada. En realidad no hacía falta, podría haber usado la palanca, o incluso podría haber cogido un extintor de incendios para golpear la agarradera, pero el calor del momento me impidió pensar con claridad.

Y la puerta se abrió de par en par golpeando con fuerza la pared agrietando un par de baldosas o tres. Me impresioné a mi mismo de la fuerza que podía sacar en situaciones de riesgo mortal. Quería escapar de ese puto infierno de dientes y uñas persiguiendo nuestro delicioso aroma a carne fresca. Después ví como buscaba algo como loca, como si fuera a cerrar la puerta con algo. Una maldición, un reclamo a la mierda hablando sobre de la madre que la parió. No había tiempo para cagarse en nada, debíamos huir. Escapar. Por aquellas escaleras que ascendían hacia el cielo... “And she's buying a stairway to heaven”... Podía ver una franja de luz alrededor del marco de la puerta superior.

Al no encontrar nada para empalizar la puerta, la única opción. Correr. Subimos las escaleras a toda ostia, como bien nos permitían las piernas. Después de tanto correr notaba el calor que el gorro de lana me quemaba la cabeza, sudando a chorros. Tenía el pelo sucísimo al igual que mi gorro, antiguamente blanco, aunque ahora estaba amarillento y lleno de polvo por pasar tanto tiempo bajo tierra sin lavarlo. Subiendo por delante de Kym continuaba con todas mis fuerzas, anteponiendo mi hombro derecho dispuesto a golpear la puerta de arriba, y salir lo más rápido posible. Agarré con fuerza el picaporte sintiendo que casi se resbalaba por la humedad y plaqué con fuerza la puerta. Y, de repente, todo se volvió blanco. Mis pupilas se contrajeron bruscamente y entrecerré los ojos. La luz del mediodía nos impactó en las retinas con toda sus fuerzas. En aquel momento sentí una sensación que recordaba, como cuando ví a mi compañera de viejas aventuras. Nostalgia... Alegría... Esperanza... De nuevo sentía que había una razón por la que seguir viviendo, al menos, un día mas. En una fracción de segundo dirigí mi mirada hacia Kym, la cual yacía en el suelo de rodillas, tal vez agotada, o tal vez feliz por poder contemplar el sol una vez más.

Dudando de mi mismo la ayudé a levantarse colocando mis manos bajo sus axilas para apoyarla y hacer fuerza para que se levantase. Realmente no sabía si estaba desfallecida pero debíamos seguir corriendo, aun no era el momento de descansar.

- Venga guapa, si llegamos rápida luego te dejo sentarte en mis rodillas y me dices que quieres por Navidad.- Comenté divertido. Ya estábamos fuera, teníamos espacio y un sitio al que ir. Un piso franco. Mientras esperaba y ayudaba a Kym a erguirse pensaba que pronto estaríamos en un lugar seguro, en donde podría asentar mi culo y relajarme con un buen porr... cigarro.- Claro que me acuerdo, aún me queda alguna neurona encima Dije antes de empezar a correr con ella. La verdad es que con la mochila tan cargada me notaba algo más pesado y torpe, pero aun me quedaban ganas para seguir corriendo, para huir con ella. Una vez más, escapando del mundo y de la puta policía. Aun tenía la espina clavada de levantar el dedo corazón apuntando el cielo mientras corría para mandarles a todos a tomar por culo. Orgulloso de ser un insecto urbano, y más ahora, pues gracias a ello estaba vivo. Junto a ella...
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